Julio Iglesias y Miranda, quince años de amor

—¿Cómo era vuestra relación?
Fue una relación muy fuerte. Mi padre era mi consejero, mi padre era mi amigo, mi padre era mi padre. Y yo estaba muy unido a él. De hecho, ha pasado los últimos veinticinco años de su vida la mitad del año a mi lado, y ha viajado conmigo por todo el mundo desde hace cuarenta. Lo tengo muy presente, y creo que no se ha ido de mí. Cada vez que hago una cosa, o en este momento en que voy a sacar un disco, estoy pensado en lo que diría. El era siempre el primero en escucharlo... Mi padre era, además, mi fan más incondicional. Era una maravilla, tenía sangre de campeón. Y la nuestra era una amistad inmejorable. Continuamente tengo como un gatillo en la nuca que, en determinados momentos del día y siempre a la misma hora, hace un clic... y me acuerdo de él. Es algo que no se me ha pasado y creo que no se me va a pasar en la vida. Está presente en mí continuamente, hasta el punto que a veces me asusto, en el sentido de que miro el reloj y es siempre la misma hora.
—¿Qué hora es esa?
La hora a la que charlábamos todos los días, a la que yo le llamaba por teléfono, antes de que se fuera a descansar. Ahora, inconscientemente, en ese momento me salta la alerta. Todos los días. Y tengo sueños muy bonitos con él: que está a mi lado y me está contando cosas...
—Y su muerte llegó de forma muy inesperada, porque él estaba fuerte y en plenas facultades.
La verdad es que no me imaginaba que estuviera mal, si no, por supuesto, hubiera estado allí. El siempre me decían: «Tienes padre para mucho tiempo», y creo que he tenido un padre que ha sido un regalo de Dios.
—¿Cómo le recuerdas?
Como un hombre vitalista, un hombre alegre, generoso, simpático, inteligentísimo, muy intuitivo..., que si hubiera elegido otra profesión, la hubie ra hecho bien. Era de esa clase de seres humanos que tienen sangre de campeón y que pueden hacer bien cualquier cosa que se propongan. Era del tipo de gente que no abandona y no se abandona. Un luchador.
—¿No pensaste que sería un poco arriesgado formar una nueva familia cuando ya era... bisabuelo?
Una de las cosas más bonitas que tiene la vida es ese pequeño momento de riesgo; sin él, la vida es monótona. El riesgo comedido e inteligente es muy importante en la vida, y creo que mi padre todo lo hizo de una forma inteligente.
—Dos hijos de dos generaciones diferentes, hermanos que podrían ser tus hijos... ¿Se asimila con facilidad una vida tan atípica?
No es tan complicada como parece. La vida ha sido muy generosa conmigo y estoy profundamente agradecido.
—¿No tienes la sensación de que has vivido, más que una, varias vidas, con todas esas experiencias personales y profesionales que acumulas?
Yo vivo una nueva vida diaria. Y todo está muy relacionado con la palabra mágica de la pasión, no sólo por mi profesión, ni por mi vida emocional, sino por la vida en general. Y eso, posiblemente, lo he heredado de mi padre.

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