Primeras imágenes de la hija de Geri Halliwell, Bluebell Madonna

Con el nacimiento de su pequeña, el pasado 14 de mayo, Geri Halliwell ha duplicado su femineidad. Su hija llegó al mundo, mediante cesárea, en el hospital Portland, de Londres,el favorito de las estrellas, y pesó al nacer 2,610 kilos. Cuatro días después del parto, cuando muchas madres primerizas estarían esforzándose por mantenerse en pie, Geri volvió a casa cansada, conmovida, pero inmensamente dichosa con su hija entre los brazos. Desde el parto, Geri ha sido tan feliz como si viviera en una burbuja «habitada sólo por ella y por mí», revela. «Desde que tenía veintisiete años he querido tener un bebé y mi reloj biológico empezaba a hacer tictac. Después de cinco años de desearlo, mis plegarias han sido escuchadas. Nunca me he sentido tan plena como ser humano», afirma entusiasmada. Mucho misterio rodeó el nombre de la niña, hasta que Geri lo confesó en exclusiva para ¡HOLA!: Bluebell o, más exacto, señorita Bluebell Madonna Halliwell.

—¿Así que nunca consideró el bíblico nombre de Jezabel, como ciertos tabloides pregonaron a los cuatro vientos?
No puedo imaginar de dónde vino esa idea. Durante un tiempo me gustaba Stella para una niña, pero no estaba segura al cien por cien. Scarlett era otro nombre que me encantaba, ya que Scarlett O ’Hara era mi heroína de ficción. Me pareció recordar que ella tenía una hija que se llamaba Blue. Pensé que era precioso y Bluebell aún más precioso. Mientras paseaba por el parque en las últimas semanas de embarazo, me parecía ver campanillas («bluebells ») por todas partes.
—¿Es cierto que su abuela paterna bailó con un grupo parisino llamado Las Bluebells?
Sí, ¡eran muy atrevidas! Pero lo que realmente zanjó la cuestión fue que mi madre me dijera que la campanilla es cada vez más escasa. Es una flor preciosa. Por eso, el nombre me parece adecuado para mi hija. Hay una buena razón por la que elegí Madonna como segundo nombre. Nadie más tiene ese nombre aparte de la Virgen Madonna y la cantante, que me encanta. Le sienta bien a Bluebell, porque es tierna pero un poco diva, con gran ánimo.
—¿Cómo transcurrió el parto?
No quiero dramatizar demasiado, pero lo encontré traumático. Estaba nerviosa y me asustaba lo desconocido. Cuando me faltaba sólo un día para la fecha prevista, me aconsejaron que me sometiera a una cesárea. Como no sabía lo que me esperaba, estaba un poco asustada.
—¿Cuál fue su primera reacción al ver a su hija a las diez cuarenta y cuatro de la noche?
De las lágrimas de miedo pasé a las lágrimas de la euforia y me «enamoré» de ella al instante. Antes no tenía ni idea de cómo me sentiría, pero al momento enloquecí de amor por ella. La abrazé y le di un primer beso.

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