Marta Sánchez, en su nueva casa de Ibiza; 'Aún no he superado la muerte de mi hermana'

—Marta, yo creo que la vida te sonríe a ti, a pesar de todo.
La vida no es de color de rosa, pero quiero intentar con todas mis fuerzas que mi hija la vea por lo menos de color lila.
—No te quejes, anda.
La vida me ha dado unos cuantos «palitos». Yo sé perfectamente que hay mucha gente que sufre en el mundo.
—Efectivamente, no eres la única.
—Por supuesto que no. Hay familias que han tenido la terrible desgracia de perder en un accidente de coche a varios miembros de su familia.
—A eso me refería, Marta.
Sí, pero yo, al igual que ellos, también tengo la mala suerte de poder decir que conozco muy bien lo que es el dolor profundo.
—La pérdida de un ser querido nunca se supera.
Yo todavía no he superado la pérdida de mi hermana.
—Ni siquiera aparcar el dolor.
Ni eso. Siempre pienso que mi hermana era un ser tan especial, que debe ser que hacía falta en algún otro lugar.
—La echarás en falta.
Todos los días me acuerdo de ella. Es más, recordándola a ella a veces me siento un poco mal, porque me olvido de mi padre. Antes era él el que aparecía en mi cabeza cada día y ahora está mi hermana.
—También está más reciente su muerte, Marta.
—Fíjate, en mi jardín hay un magnolio que plantó mi padre como regalo de mi treinta y dos cumpleaños. Y cuando necesito hablar con él, me siento frente al árbol y le miro. Ha crecido mucho.
—Te veo muy feliz.
Tarde o temprano, la vida te pregunta: «¿Es éste el camino que te llevará a la felicidad?».
—Tú pareces tener ya la respuesta.
Yo rectifiqué y al final encontré mi morada junto a mi marido y mi hija.
—Que no te salgas nunca de la carretera, Marta.
Seguro que ya no.

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