Marta Sánchez, en su nueva casa de Ibiza; 'Aún no he superado la muerte de mi hermana'

—Seguro que inconsciente también a veces.
Sí. Por ejemplo, he hecho cosas como decir que me quedaba en casa de una amiga a dormir y estar en un guateque hasta altas horas y luego tener que dormir en un jardín. Travesuras que las hemos hecho todos.
—Pero eso ya no «toca ».
Ya no hay lugar. Tengo una familia, una hija. Hay que ser responsable.
—Me viene a la memoria la época de tu relación con el músico Sterling Campbell, que quizá coincidió con una de tus épocas más «guerreras ».
Mis padres no eran racistas, pero lo que un padre quiere y espera es que su hija se busque los menos problemas posibles, en el sentido de que hay sectores de la sociedad que sí son racistas y pueden llegar a hacerte la vida más difícil.
—De todas formas, algo encontrarías en Sterling.
También me aportó muchas cosas buenas. Aparte de enseñarme inglés, me tendió la mano y me dio el valor suficiente para poder dejar Olé-Olé y así tener una carrera más valiente.
—Quieres decir que estabas prisionera en el grupo.
Sí. Tenía miedo a no tener suerte y a perder esa seguridad que tenía con ellos. Sterling fue mi cómplice.
—Es evidente que los tiempos han cambiado en cuanto a estética se refiere.
Físicamente, me gusto más ahora que cuando tenía veinte años. También es cierto que la estética que está de moda en la actualidad es más fresca y natural, y eso rejuvenece.
—Para una mujer de veinte años no dejar de ser adulador que digan de ella cosas como que es una «sex-symbol».
Claro, pero lo que pasa es que mis ambiciones musicales eran mucho más importantes que ser «sex-symbol». De todas formas, ni un solo día de mi vida olvido de dónde vengo, quién me apoyó y quién me falló.
—Quedémonos sólo con lo primero.
Vengo de una fantástica familia de clase media, muy trabajadora, que me inculcó valores muy positivos y que me educó muy bien.
—La escalera de valores es el esqueleto moral de las personas.
Hay una palabra que me enseñó mi hermana a valorar muchísimo y que es la dignidad, algo que ella no perdió ni ante una enfermedad que ella sabía que la estaba destruyendo. Mi hermana nunca se rindió, ni se rebeló, ni contra el cáncer, ni contra la vida, ni contra nadie. Murió de pie.

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