Julio Iglesias, Miranda y sus hijos, juntos en los momentos más difíciles

Con el recuerdo imborrable del patriarca de la casa, el doctor Iglesias Puga, recientemente desaparecido, Julio Iglesias, en compañía de Miranda y sus hijos, acude a su cita diaria con la mar que se abre delante de la puerta de su cálida casa de Punta Cana —el reposo del guerrero es también el refugio del guerrero —,en Santo Domingo. Los niños juegan en la arena y les acompaña, les vigila, les atiende, les quiere, en fin, su madre, Miranda, serena y sonriente, aunque la sonrisa es triste.

Julio está, pero, aunque cerca, en la distancia, porque aún viven las Navidades más tristes de su vida. Las cenizas del abuelo reposan y esperan en la geografía de sus hijos, al Sur de España, Carlos y Julio, esperando su lugar definitivo. En Punta Cana, Santo Domingo, la familia de Julio, los niños crecen, han salido a la playa, como ya es en ellos habitual, y además es tiempo de vacaciones para ellos, aunque tengan la escuela en casa.

Julio espera sereno y sufrido, se va rehaciendo. Pero él sabe que la mar no puede ahogar la memoria de un ser querido como el abuelo que se fue. Julio sabe que aunque aquella canción, una leyenda en la historia de la música, se hizo famosa en el mundo entero, para él y para los suyos la vida no sigue igual.

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