Rod Stewart y Penny Lancaster nos muestran por primera vez a su hijo, Alastair

—¿Permaneció en la piscina hasta el final del parto?
P. —No. La cosa en el agua es que, aunque es relajante, ralentiza las contracciones. Así que cuando apareció la cabeza, el médico me dijo: ‘Penny, necesitoque empujes mucho más fuerte’.
R. —Vamos, ¡di la verdad! ¡Te dijo que intentaras imaginar que estabas teniendo el trasero más grande que nunca!
P. —Yo lo intentaba, pero sentía que era una tarea imposible. Entonces llegó un momento vital, en que el ritmo cardíaco del bebé disminuyó bastante.

—¿Sintió pánico en ese momento?
R. —Afortunadamente, el ritmo se reanudó. Sin querer preocupar a Penny, los médicos nos dijeron: ‘Vamos a sacar a este bebé tan pronto como sea posible’. Intentamos sacar a Penny de la piscina, pero estaba tan cansada y débil, que se quedaba dormida. Luego, cuando la pusimos en el suelo, en cuclillas, todo fue muy rápido. Estuve masajeando su espalda de nuevo, y después de diez minutos, Penny dio un primer alarido. ¡Nunca he oído nada así! Penny ni siquiera maldecía, simplemente gritaba, ¡nunca he conocido a una mujer que no maldiga mientras está teniendo un bebé! Luego salió la cabeza, que parecía un trozo de carbón. Pensé: ‘Aquí algo está mal, eso no puede ser la cabeza del bebé’.
P. —Ciertamente, no maldije ni nada parecido, pero recuerdo que fue un gran grito. ¡Ni siquiera sabía que era yo quien hacía ese espantoso ruido! Todos miraban a vista de pájaro y yo estaba justo luchando por seguir empujando hacia fuera el resto del cuerpo del bebé. Miraba a Rod, que estaba realmente sobrecogido por todo eso y diciéndome que me amaba durante todo el proceso.
R. —Pero lo peor aún estaba por llegar.
P. —Justo después de que saliera la cabeza, oí unas voces diciendo: ‘¡El cordón, el cordón!’. Y hubo bastante pánico. Estaba enroscado dos vueltas alrededor del cuello del bebé, y por eso el ritmo cardíaco había bajado tan deprisa.
R.—Los médicos fueron increíblemente rápidos. Sin cortar el cordón, lograron quitarlo de la cabeza del bebé en un segundo. Muy hábiles.

—¿Qué sintió en ese momento, Rod?
—Entonces estaba más preocupado por si era chico o chica. Luego, me di cuenta de lo que estaba pasando y pude ver el cordón enrollado en su cuello. Fue aterrador. ¡Pobrecito!

—¿Quién de ustedes fue el primero en cogerlo?
P. —Lo pusieron justo encima de mí, incluso antes de cortar el cordón, y el niño lloraba bajito. Luego, recuerdo que dije: ‘¡La célula madre, la célula madre!’. Quería que recogieran la sangre del cordón umbilical y la congelaran para investigación con células madre. Eso tenía que hacerse antes de que cortaran el cordón, mientras la placenta está todavía bombeando sangre. La sujetan con pinzas, luego sacan la sangre y después la ponen en un recipiente que tiene que ser recogido por una unidad de sangre especial en veinticuatro horas. Luego, Dios no lo quiera, si el bebé sufre cáncer o leucemia o cualquier enfermedad espantosa que necesite una transfusión de sangre, hay posibilidad de que él tenga la suya propia.

—¿Quién cortó el cordón?
P. —Rod. Luego, él llevó al bebé a la esquina de la habitación y se sentó allí, meciéndolo y cantando canciones celtas.
R. —Canté todo: ‘Oh Flower of Scotland’ y ‘The Fields of Athenry’. Todos los himnos celtas. Fue genial.

—¿Cómo llegaron a elegir el nombre de Alastair?
P. —Teníamos una breve lista de tres nombres: Sebastian, James y Alastair. Supongo que de los tres era Alastair el que tocó la fibra sensible de Rod, ya que es escocés. Y escogimos Wallace como su segundo nombre por mi abuelo, que murió hace tres años. Estábamos muy unidos.

—¿Celebraron el nacimiento de Alastair aquella primera noche?
P. —Sí; en realidad, fuimos a cenar cruzando la calle desde el hospital a un pequeño restaurante italiano. Yo había estado al teléfono la mayor parte del día, llamando para asegurarme de que la gente de las células madre se acordara de recoger la sangre. Pero después de dormir un poco, estaba lista para salir. Mamá se quedó en el hospital con el bebé.

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