Paulina Rubio, enamorada en Venecia: 'Colate y yo somos inseparables'

Sois inseparables.
Lo somos.
—Estar al lado de una mujer con tanta personalidad como tú no debe ser tarea fácil para un hombre.
Alguien que te quiere bien, amigo o amor, celebra contigo, no sufre por ti. Un buen amigo o un buen amor te da la mano para levantarte en una caída o felicitarte en un triunfo, pero si sufre por ti, no es saludable para ninguno.
—No estarás hablando por experiencia.
Este no es nuestro caso, no ha sido nuestra experiencia.
—La ley del amor suele ser implacable a veces, Paulina.
En el amor no hay leyes: hay momentos, vivencias, sentimientos mezclados...
—No me creo que no haya ninguna ley que rija el amor.
La única ley debe ser la honestidad.
—¿Ves cómo la había?
Sí, pero las leyes son para el Parlamento o las Cortes, no para los sentimientos.
—A veces conviene intentar encauzar los sentimientos, aunque éstos sean casi siempre indomables.
Tú pones tus propias leyes o requisitos y la vida te presenta las realidades.
—La física es tan importante como la química en el amor.
La física y la química son ciencias, probabilidades o resultados inalterables, dependiendo de las formulas.
—Cuántas veces habrás escuchado eso de «tengo química con esa persona»...
En el amor, la única analogía que veo entre esas ciencias es que, dependiendo de lo que des o recibas, lo que pones de tu ser y lo que sientes que te dan es, según con quien estás, un resultado diferente.
—Cada uno es cada uno, Paulina.
Cada cual tiene necesidades o carencias distintas, cualidades o características diferentes. Por lo tanto, los resultados son alterables.
—¿Te seduce que te seduzcan?
Son ciertas cualidades y características en cada persona las que te pueden seducir.
—Es obvio que no todo aquel que quiere puede.
Con esto quiero decir que la seducción es totalmente personal. Son actitudes, palabras, silencios entendidos, conexión, cuando tu corazón y tus vísceras están de común acuerdo y sientes esas «mariposas en el estómago» y la cercanía emocional.
—Díme si, en tu opinión, la vanidad traiciona a la prudencia.
La vanidad es arrogancia, y eso es una característica negativa. La vanidad entendida, como quererse a sí mismo, es diferente y necesaria. Uno debe quererse a sí mismo, pero si únicamente te quieres a ti mismo, eres arrogante.
—La prudencia suele ser una cualidad.
Sí, si eres prudente tratando a la gente, cuidando tu cuerpo y tu salud y sin excederte en nada que te haga daño. Eso puede ser ideal. La prudencia te enseña a discernir lo que es bueno o malo para seguirlo o rechazarlo.

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