Kevin Federline: un hombre sin casa, sin su Ferrari y... sin Britney Spears

No hay perdón para Kevin Federline. Por mucho que el bailarín, convertido desde septiembre de 2004 en esposo de Britney Spears, se lo haya suplicado a su mujer el día que ella cumplía veinticuatro años y lo celebraba con unos amigos en Las Vegas... sin él. La princesa del pop está harta, según publican numerosos medios internacionales, y no ha aceptado sus disculpas. Al parecer, está cansada de la afición desaforada de Kevin Federline por las fiestas. Y aunque hayan aparecido en la última portada de "People" como una familia feliz, con el pequeño Sean Preston incluido, los rumores de divorcio se multiplican. Incluso ya hay quien se aventura a asegurar que la cantante se ha reunido en su casa de Malibú (en la misma de la que ha echado a Kevin Federline) con unos prestigiosos abogados especializados en temas matrimoniales. La ruptura parece inminente. Y los "mea culpa" de Kevin Federline no parecen hacer mella en la decisión de la cantante.

Kevin Federline sin su Ferrari
A principios de noviembre, la cantante echó a Kevin de su mansión de Malibú. Al poco tiempo, volvió a abrirle las puertas de su casa y de su corazón. Muy breve el reencuentro. El justo para hacer la portada antes citada. Después, de nuevo, Britney Spears montó en cólera porque Kevin insistía en una vida llena de fiestas, y llenaba la casa de la cantante de amigos poco recomendables, según el gusto de la artista. En esta última gran discusión, la cantante no se contentó con expulsar a Kevin Federline de casa sino que le despojó de su bien más querido: un Ferrari, valorado en 160.000 euros que le regaló la artista. Britney Spears devolvió el automóvil al concesionario e hizo oídos sordos de las súplicas del bailarín. Al parecer, y siempre siguiendo las numerosas informaciones vertidas en la prensa internacional, Kevin Federline a la vez que pedía disculpas a su esposa, quiso recuperar su coche: "Al menos... ¿Me puedes devolver el automóvil?" fue la frase que, según amigos de la artista, rompió la magia de una posible reconciliación. Britney Spears dio la conversación por concluida. Y Kevin Federline su refugió en una larga noche de fiesta con sus amigos. Aunque son muchas las voces que se decantan por un divorcio inminente, los amigos de la pareja piensan que su matrimonio podría salvarse de esta nueva crisis. Mientras se resuelve si el matrimonio se disolverá en los tribunales, o seguirán luchando por mantener su unión, lo que parece innegable es que, hoy por hoy, Kevin Federline se ha convertido en un hombre sin hogar (vive en un hotel de Beverly Hills), sin coche (el Ferrari de sus sueños se evaporó tras el enfado de su esposa) y sin familia (Britney Spears se llevó al pequeño Sean Preston y el sueño de celebrar sus primeras Navidades como madre, en familia, parecen haberse disuelto).

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