Las imágenes más divertidas de la boda de Christina Aguilera y Jordan Bratman

—¿En qué se diferenciaba de otros chicos que habías conocido?
Creo que es el único hombre que he conocido realmente —se ríe—. Si todos tuvieran sólo un poquito de la forma de ser de Jordy, habría un montón de mujeres felices por ahí. El sabe cómo tratar y respetar a una mujer. Podría estar hablando bien de él durante días. Se supera a cada momento. Cuida de mí, es mi espina dorsal, está conmigo en las duras y en las maduras. Es mi roca. Es más fuerte que cualquier otro hombre que yo haya conocido. Es muy inteligente, y eso es algo que me atrae mucho. Creo que una de las primeras cosas de las que me enamoré fue de su sonrisa. Es la sonrisa más grande, auténtica y franca que has visto en tu vida e ilumina toda una habitación. Tiene un halo que hace que la gente se sienta completamente cómoda. En este momento me conoce mejor que yo misma.

—¿Qué es lo mejor de vuestra relación?
Siempre estamos aprendiendo el uno del otro, en muchos sentidos. Nuestra relación es bastante equilibrada: ninguno está por encima del otro; es increíblemente equitativa. Lo compartimos absolutamente todo. No tenemos secretos.

Los momentos más memorables de la boda
El fin de semana de la boda estuvo marcado por un interminable torrente de momentos memorables. Por ejemplo, la imagen de la madre de Christina, Shelley Kearns, sonriendo mientras ella y su hija se abrazaban y recorrían la pista al son de Wind Beneath My Wings mientras el novio bailaba con su madre, Gail Bratman. Algo que tocó la fibra sensible de los invitados, envueltos por el marco invernal con el que se había decorado la sala del banquete.

Un momento que personificó la mezcla de antiguo y nuevo en la boda llegó cuando hicieron desfilar a Christina y Jordan alrededor de la carpa sentados en sillas al ritmo de una versión hip-hop remezclada con la tradicional danza nupcial judía, Hava Nagila. Christina, siempre artista, interpretó luego un improvisado y magnífico solo de la clásica canción de amor At last, de Etta James. Como recuerdo de la boda enviaron a la habitación de los invitados cajas rosas con dulces, con una nota adjunta que decía: "Nos alegramos mucho de que hayáis venido".

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