Soraya de OT: 'Si los votantes no hubieran sido en su mayoría mujeres, yo habría ganado'

Acaba, como quien dice, de salir de una forja de ilusiones musicales ubicada en lo más alto de una colina junto a Barcelona, donde nacieron artísticamente Rosa, Chenoa o David Bisbal. Soraya, una extremeña de pura cepa, subcampeona de la última edición de «Operación Triunfo», ha volado a Miami, esta vez de pasajera, para grabar su primer disco, «Corazón de fuego», que verá la luz la primera quincena de diciembre. Kike Santander produce este álbum, el primero de su nuevo sello,«Santander Records». Y Kike no apuesta en falso. Que se lo pregunten si no a Bisbal. Soraya es su nueva apuesta. Y fuerte. Casi con las cartas marcadas, porque esta mujer que mira de frente con sus ojos azules habla como un torrente. Sin titubeos. Las cosas claras. Seguridad en sí misma. A raudales. Sabe lo que quiere. Curtida por la vida. Hay mimbres para el éxito. Esta es su historia.

—Soraya, digo que te encontrarás como en una nube, pero esta vez sin estar volando en un avión.
—Bueno, sí, la verdad es que estoy viviendo algo totalmente diferente a la vida que yo llevaba.
—Decías siempre que «te habían presentado» al concurso.
—Porque nunca he tenido ningún contacto con la música, salvo la que yo escuchaba en mi casa. Aunque había cantado con un grupo en el colegio, nunca se me pasó por la cabeza que la música llegaría a ser algún día mi profesión.
—Pero algo o alguien te llevaría a «Operación Triunfo».
—A mí me empujó algo muy fuerte: una corazonada, algo que llevo yo aquí dentro —habla mientras se señala el centro del pecho —.

’Pues mira, lo que no puedes hacer...’
—Pero jugabas con ventaja porque eres consciente de que tenías una garganta privilegiada.
—Reconozco que yo siempre supe que tenía aptitudes para cantar, que tenía voz. Eso sí, como te decía, en mi casa me han criado con música.
—Quieres decir que en tu familia canta alguien más.
—Para nada. Bueno, sí, mi madre cantaba cuando estaba embarazada de mí. Cantaba mal, pero lo hacía. Simplemente sucede que la música me gustó desde siempre. Interpretaba delante de un espejo como una niña. Crecí con música de Police y de Manolo García, que era la que mi padre me ponía.
—Y, sin embargo, azafata.
-Yo había venido a Madrid para hacer Arte Dramático, pero no me cogieron en la escuela. Mi madre me acompañaba y me dijo: «Pues mira, lo que no puedes hacer...».

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