Paulina Rubio, en su nueva mansión de Miami, proyectada por su ex novio, Ricardo Bofill

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En época de huracanes, hay uno que no cesa en todo el año. Viene de México y también tiene nombre de mujer, Paulina. Acaba, como quien dice, de concluir la gira más extensa de su vida, que le ha llevado a presentar su disco ‘Pau-Latina’ en más de sesenta ciudades de toda América Latina, incluyendo ocho meses con veinticuatro shows en Estados Unidos. Más de cuarenta personas, entre músicos, técnicos y bailarines, componen su equipo. Sería mucho decir que Paulina Rubio descansa ahora en Miami, disfrutando de su nueva mansión al borde del océano, porque no para. Siempre hay algo que hacer. Que abordar. Que considerar. Una casa con apenas un año de vida, pero con muchas horas de ilusión en cada trazo de los planos proyectados por Ricardo Bofill, ex novio de la bella cantante mexicana. No pudo ser finalmente lo que en un principio era el sueño de dos. Hoy ya es el de uno sólo, aunque en esta casa siempre habrá un sitio para Ricardo. Lo deja bien claro Paulina, quien nunca hasta ahora había hablado sobre su ruptura con el joven arquitecto y hoy director de cine. Y lo hace ahora, envuelta por altos forjados, colores que encienden sus sentidos, olores que zarandean su memoria y recuerdos mecidos por la nostalgia.

‘Quiere decir felicidad en sánscrito’
—Paulina, la casa se llama ‘Ananda’.
—Sí. Quiere decir felicidad en sánscrito. Cuando la planeamos y diseñamos fue cuando yo empecé a practicar el yoga y escuchamos esa palabra.
—Un lugar, éste, que te traerá muchos recuerdos, Paulina.
—La vida está llena de recuerdos, pero yo no vivo del pasado, más bien disfruto cada atardecer en la bahía como si fuera el primero.
—México está muy presente…
—Ricardo se inspiró en mí. Yo fui su musa. En México, en sus colores, su arquitectura, en Barragán y en su música. Lo más importante de la casa es el atrio, en el que pasamos la mayor parte del tiempo y hacemos todo tipo de conciertos. Es un espacio abierto, con el sol y el mar como escenario.
—Paulina, se llegó a apuntar que fue Ricardo quien te regaló la casa.
—Je, je, je —se ríe—. El me regaló el diseño, pero la casa la pagué yo.
—El lugar donde está la casa es impresionante.
—Se encuentra en una isla privada, donde vivimos una nueva generación. Mis vecinos son Alejandro Sanz y Shakira. Nos gusta vernos y salir a navegar en bañador todo el día.

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