Julio Iglesias posa por primera vez junto a Miranda y sus hijos

—Tenemos que hablar, Julio, porque llevas mucho tiempo huyendo, callando y escapando.
—Ya sabes que lo que más me gusta en el mundo es llegar y marcharme. Las leyendas siempre escapan por la cocina. Lo decía Sinatra. Duerme bien, sin ayuda. Le gusta la soledad elegida —así me dice—. Tiene un gran amor por la independencia y siempre busca rincones escondidos donde vivir.
—Siempre fuiste como poco sociable, siempre como el que escapa...
—Cierto. Soy muy individual, muy solitario, y voy poco a los actos público, aunque me inviten.
—Te entrevisté en tantos sitios que parecían definitivos; sin embargo, éste en el que estamos lo parece. Me da incluso la sensación de que hay un Julio Iglesias antes de Punta Cana y otro después.
—Lo que hay es una diferente visión de la vida después de los cincuenta años, eso es lo cierto. Un mundo diferente que nace con Miranda y con la idea de tener más hijos. Cuando me doy cuenta de que debo hacer más cosas y no sólo soñarlas...
—Por cierto, ¿qué es lo que ves cuando te miras al espejo?
—Que es el que siempre cuenta la verdad, que es el único que dice la verdad.
—Y entonces, ¿qué pasa? ¿Te gustas o te aguantas?
—Veo que estoy vivo, que tengo ganas de vestirme, de salir al escenario; porque cuando a veces me abandono, dejo de mirarme, y entonces me doy cuenta que el abandonarme no es un buen aliado.
—¿Sueñas todavía?
—A mí no me gusta soñar dormido, a mí me gusta hacerlo despierto.
—Me da la sensación de que has encontrado el sitio, largo camino hasta conseguirlo. ¿Ha merecido la pena?
—Estamos en un sitio, no en el sitio. Y si me preguntas, a mis sesenta años, si estamos en el sitio definitivo, te digo que no... Porque yo soy muy nómada y tengo una mujer muy nómada también, y somos gente de llegar e irse. A mí me apasiona el Caribe, que me parece una continuidad del Mediterráneo. Quizá, incluso, como un mar nuevo dentro de la vejez del planeta Tierra. Además, es un sitio nuevo para los españoles, muy atractivo, porque de todos los lugares de nuestra conquista, hace quinientos años, éste es el sitio en el que aún se guarda un cariño más natural hacia España. El Caribe tiene un gran recuerdo para España y los españoles.
—Me gustaría saber, a estas alturas de la vida, qué cosas te quedan por hacer, porque es hora de hacer cuentas, Julio.
—Me quedan por hacer muchas cosas; me queda, en la parte artística, completar mi biografía, en el sentido de terminar de una vez aquello que hice mal. Quiero, por ejemplo, en la digitalización de la música, respetando la voz, tratar de hacer un sonido lo mejor posible y seguir, además, haciendo nuevos buenos discos...
—Y en la digitalización de la vida, ¿qué?
—En la vida, en la parte emocional, soy una persona incompleta, porque la vida emocional depende de muchas cosas, sobre todo de dos personas, si tienes pareja. Por eso, puedo decir que estoy más asentado que nunca, y eso está más claro que el agua; que es una de las cosas más importantes que me han pasado en la vida, y lo quiero decir a voz en grito. Que hay otras emociones en la vida que tengo que dejarlas perder, pero saber también que tengo una pareja a la que quiero, respeto y admiro, y eso es importantísimo.
—Debo preguntarte que cuándo piensas casarte con Miranda.
—Y yo debo decirte que creo que nunca he estado más casado en mi vida que ahora.
—No obstante, y perdona la insistencia, debo volver a preguntarte que cuándo...
—Bueno, pues si hace falta hacer los papeles, los haremos, nos casaremos, pero yo creo que los papeles ya están hechos. Miranda y yo nos casaremos cuando ella y yo lo queramos.
—Dame una fecha, hombre...
—Pues no hay fecha. Puede pasar que un día nos levantemos y lo hagamos, pero lo que es bien evidente es que yo no concibo la vida sin mi mujer.

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