Rocío Durcal: 'Yo soy una luchadora que sabe que al enemigo hay que matarlo para poder seguir peleando'

Vuelvo a ver a Marieta ,los que la conocimos de niña la llamamos así, a su alta casa de Torrelodones, sobre el paisaje de la piedra y el sol, cuando Rocío Dúrcal, que es su nombre de pelea, ahora más que nunca, que va a cumplir en unos días sesenta años, y además, cuando inicia una nueva etapa en su vida como cantante. Va a salir ,está saliendo ya, su disco Alma ranchera, que es donde ella es más fuerte, cantando las tradicionales de México, las legendarias, de todos los tiempos. Le recuerdo cuando la veo, Junior, su marido, cerca, que no ha perdido su aire de Luzón, que la última vez que nos vimos fue aquel día en Cuba, cuando por culpa de un avión que llegaba tarde recorrimos La Habana juntos, y entonces pude comprobar, una vez más, que la quieren, y mucho, en América, en toda la América nuestra, tanto o más que en España, que ya es decir.

Ha llovido mucho desde entonces sobre el ‘alma ranchera y española’ de esta cantante extraordinaria, que con los ojos más brillantes que nunca quiere salir al paso de lo que se dice, de lo que se comenta, de lo que se habla, en fin, en estos días en que ha suspendido todos sus contratos, sus giras, tan duras, tan intensas, por la América de nuestra lengua y de la otra, y quiere contar la verdad, porque es lo que me dice, mirando al horizonte, y cantan los mariachis de las chicharras, y a los nietos se les escucha vibrar en la casa de enfrente, donde viven sus hijos.

—Tenía en unos días, el uno y el dos de octubre, actuaciones en el Teatro Nacional de México, y ya estaban vendidas las entradas, así que mejor es salir a decir por qué no voy y a contar las razones que me obligan a no acudir a mi cita con San Antonio, San Francisco, con otras ciudades de Estados Unidos, donde gusta mucho lo que canto, desde hace tanto tiempo.

Rocío lleva en esto más de cuarenta años, que ya es decir, y ha ido creciendo en la devoción de los suyos como un volcán en erupción. Así que aquí está para contar las razones de su ausencia, porque no quiere ‘ningunear’, como dicen en México, a sus leales, entre los que me encuentro.

—Salud, dinero y amor, Rocío, las tres verdades. Del dinero, ya lo veo, bien; de amor, te sobra… ¿Cómo va esa salud, niña?

En la salud, me acaban de dar un palo. Hace tres años, como todo el mundo sabe, y si no lo sabe se lo cuento, Rocío Dúrcal habla con la verdad en la boca, me operé de un cáncer en la matriz, que me extirparon. Me quitaron el cáncer. A mí no me asusta decir la palabra, porque hay muchos que lo sufren, y lo que hay es que ayudar a crecerse en la adversidad y a seguir adelante, y entonces, también eliminaron veintidós ganglios, veintidós, sí, veintidós, que tenía, y con todos se acabó menos con uno, que se nos escapó y que buscamos durante seis meses, y desapareció… Eso fue hace tres años, y yo seguí en lo mío: cantando, viajando, viviendo…

’Palabras como rancheras’
La Dúrcal habla como canta, canta como habla. La ranchera es una demostración siempre de fe, de principios. Se canta la ranchera como quien lleva una navaja entre los dientes. Y así recojo textualmente sus palabras al atardecer:
-Pero hace poco, yo seguí haciéndome las observaciones necesarias durante este tiempo, volvieron a aparecer unas manchitas en el pulmón, otros chunguitos como aquéllos , se ríe, como quien abre la fruta de la boca, y de uno de ellos hemos querido conocer su identidad, pretendiendo saber si era de la condición de aquél que se fue entonces o era distinto. Suspira, respira, como quien toma aliento.
Y era de la misma condición del que desapareció, así que en unos días, ya el sábado que viene, me internan de nuevo y me someto a la quimio…

—A la quimio…
Sí, a la quimioterapia, sí, que ya es una palabra que lo dice todo, y me la voy a dar aquí, en Madrid, donde estarán mi médico, Espinosa; los míos, y tendré a mi familia cerca esos dos días, y después volveré a esta casa, que es la tuya, a celebrar mi sesenta cumpleaños, que quiero echar la casa por la ventana…

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