Rafael Amargo habla en exclusiva: 'Jamás he sido agresivo, no soporto la violencia'

—¿Crees que actúan acaso por despecho?
De la primera, ni quiero volver a hablar: no merece la pena. Pero Olga y yo hemos tenido una relación de muchos años...

—¿Qué tipo de relación? ¿Amorosa?
—Sí. Fue una relación muy profunda, de mucha complicidad. A veces nos llevábamos muy bien y otras mal, como todas las parejas. Pero yo la he querido mucho, y me consta que ella a mí también. Olga fue mi musa, mi inspiración, durante mucho tiempo. En cuanto al trabajo, siempre fue muy profesional y responsable en todas las tareas profesionales que le encomendé.

—Esto va tomando tinte de historia de amor y de celos. ¿Es que Amargo es un rompecorazones?
—Yo soy un rompetablas de los escenarios. Ahí es el único sitio donde me dejo el corazón y el alma bailando. Mi gran amor es el baile. Es, hasta cierto punto, normal que dos artistas que bailan juntos se enamoren: se crea una magia increíble entre dos personas y hay veces que eso pasa a mayores. Pero no lo he inventado yo, esa es la vida. Es la gente con la que más tratas de la que te enamoras. No es el primer caso ni el último en la historia de los escenarios. Con Olga viví algo muy real y muy hermoso, y ese es el recuerdo que quiero guardar de ella. Yo ahora soy feliz junto a Yolanda, mi mujer. Lo pasado, pasado. Pero Olga es una buena chica a quien han abrumado con malos consejos y que creo que está siendo manipulada.

—Pero ella tiene, al parecer, un parte médico de una contractura en el hombro.
—Eso es lo que han dicho algunos medios. Probablemente se refieran a una lesión que ella lleva arrastrando desde hace años y que todos los que hemos trabajado con ella conocemos.

—Suponiendo que la nube pasara y Olga y tú os encontrárais frente a frente, ¿qué le dirías?
—Eso es algo que yo tendría que decirle a ella frente a frente, algo íntimo entre ella y yo, no de los medios, perdóname. Porque quiero ser así de elegante. Sólo espero que ella sepa de verdad algún día el daño que me ha hecho con esto, no sólo a mí, sino también a mi familia. Mi padre se llevó tal disgusto, que hasta tuve que ingresarle en un hospital.

—¿Cómo ha reaccionado la gente del ambiente artístico contigo?
—Todo artista sabe que está expuesto por la fama a que otros traten de utilizarte y alguna vez terminan siempre involucrándote en algún tema turbio. Ellos lo saben bien, y por eso me han apoyado en todo momento. Todos los compañeros me defendieron y se dieron cuenta claramente del oportunismo dañino con el que estaba organizado.

—¿Alguna vez te han tachado de agresivo?
—No, al contrario. Soy muy amigo de mis amigos, cariñoso. Es más: soy el que media entre los amigos cuando se enfadan entre ellos. Cuando algunos de éstos lo leyeron, me llamaron riéndose, porque era la última cosa que se podían imaginar que alguien fuera a decir de mí. Y a veces me enfado, sí, como todo el mundo, pero jamás he sido agresivo. Además, no soporto la violencia.

—¿Crees que han conseguido dañar tu carrera artística?
—Al contrario. Tengo el teatro lleno todas las noches. Los pocos que no sabían quién era Rafael Amargo ya se han enterado.

—¿Y ahora?
—Ahora, a disfrutar del embarazo de mi mujer, siempre que el trabajo me lo permita. Contento porque voy a tener un hijo que es fruto del amor. Es un sentimiento que no sé, como que en los malos momentos te devuelve la esperanza, la alegría y la fe en que el mundo puede llegar a ser un lugar mejor, con más amor y menos envidias.

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