Rafael Amargo habla en exclusiva: 'Jamás he sido agresivo, no soporto la violencia'

—¿Te puedo preguntar por qué la discusión entre Olga Pericet y tú originó todo el revuelo?
—Mira, yo de esto no he querido hablar hasta ahora, porque a las calumnias —para mí es una calumnia— no hay que darles eco. Además, por respeto a estas dos mujeres, he preferido callar, porque soy un señor. Pero como veo que esto está pasando de castaño oscuro, pues de una vez te cuento lo que pasó y se acabó.
Guarda unos instantes de silencio y se arranca:
—Olga Pericet tuvo la ‘feliz’ idea de invitar a Mar Vivó a un espectáculo del cual yo era productor, Bolero. Cuando me enteré de que la había invitado con mis propias entradas de primera fila, en los asientos que reservo para mis amigos y familiares, me reuní con Olga indignado para preguntarle cómo se le había ocurrido hacer una cosa así, y le dije que me parecía una falta de respeto hacia mí muy grave, porque Mar Vivó, desde que dejó la compañía, no ha hecho más que tratar de hacerme la vida imposible.

Primero con la denuncia aquélla y luego con otra serie de cosas que ahora no vienen al caso. Cuando yo me enteré de que Olga, de buena onda, la había invitado (eso te da una idea de hasta qué punto Olga es más sencilla e inocente que todas las cosas), yo agarré un enfado tremendo. Discutimos, salieron otras cosas al tapete y ahí acabó todo. Pero, ¿qué sucedió? Que cuando Olga le contó a Mar que ya no trabajaba para mí y que todo empezó por culpa suya, porque la había invitado al show, a la otra, a Mar, le vino perfecto. Supongo yo que le dijo: "No te preocupes, que éste se va a enterar". Filtró lo que quiso a la prensa y me armó todo el revuelo. Mar necesita publicidad, y con la posibilidad que le brindaba Olga, pues vio el cielo abierto... .

—Antes de que se publicara la noticia en la prensa, ¿te llamó alguien para contrastar opiniones y obtener tu versión de los hechos?
—¡Qué va! Claro que no. Si hubiera sido alguien profesional, lo hubiera hecho. El periodista que dio la noticia, para cubrirse las espaldas, me mandó un mensaje por la noche mientras yo estaba bailando, que no escuché hasta bien entrada la madrugada. Me decía que quería localizarme, pero, obviamente, creo que no tenía interés en ello: sabía que yo tenía función, conoce a mi manager y tiene su número de teléfono. Sabe que tengo un gabinete de prensa que se encarga de estas cosas y tampoco contactó con nadie. Y lo hicieron el día de mi estreno. Dime si eso no es tener mala idea... ¡Hasta habían mandado una cámara de televisión para captar mi reacción! Cuando yo termino de bailar y se me acerca la cámara, pensé: "Ya me van a preguntar por el embarazo de Yolanda". Y lo que me dicen es: "¿Sabe usted que mañana se publicará que es usted un agresor de mujeres?". Yo me quedé muerto.

—Dos bailarinas, después de trabajar contigo, se vuelven contra ti. ¿Por qué?
—No creo que Olga se haya vuelto contra mí. Creo que es una víctima de las circunstancias y los consejos desacertados.

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