Entrevista con Chenoa: 'David Bisbal no es ningún príncipe azul, sino...'

—Educadora... y cabaretera: una mezcla de doctor Jeckill y míster Hyde.
—Sí. Como Chenoa, por ejemplo, soy brava y hay que frenarme mucho; como Laura soy más recatada, mimosa. Chenoa se crece ante un auditorio de veinte mil personas, nadie la detiene; Laura pasa inadvertida, es feliz cantando en un pequeño bar...

—¿Y qué fue lo que te llevó a presentarte a ‘Operación Triunfo’?
—Llevaba seis años cantando en el casino y me estaba entristeciendo. Y sabía que había llegado el momento de partir. Tenía la vida bien montada: por la mañana, mi trabajo con los niños; por las noches me ponía las plumas y cantaba. No podía tirar todo por la borda, ya que vivía sola y tenía que pagar mi alquiler, el gas, el agua, la luz y lo que comía. En esas estaba cuando un día veo en la televisión la publicidad de ‘Operación triunfo’ pidiendo candidatos. Hice tres pruebas y, sin saber el resultado final, dejé mis dos trabajos anteriores (por cierto, cuando salí del programa me enteré de que el casino había cerrado).

En ‘Operación Triunfo’, Chenoa dice que aprendió ‘a ser niña nuevamente’.
—Disfrutaba de todo sin ocuparme de nada más que de lo que me interesaba. Por lo general, era más hosca que el resto de los chicos. Allí conocí a mi novio, David Bisbal. Muchos suponen que con tantas giras y shows ni nos vemos. Pero no es así. Cuando quiero estar con él tomo un avión y voy a su hotel. Lo hago con discreción, y por eso nadie se entera. Dicen que los polos opuestos se atraen, y debe ser así. El me hace reír mucho y yo le alerto sobre su inocencia. Fundamentalmente, David me enseñó que el amor es comprensión. No es ningún príncipe azul: es una persona normal que me hace sentirme amada y me provoca sonrisas. Y para él soy... Laura o Chiqui.

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