Exclusiva: Rocío Durcal y Junior posan por primera vez con sus nietos mellizos

—Permíteme que te diga con cariño si se puede hablar de un clan.
—(Risas.) Sí, el «clan Morales».
—Cambiando de tema, Marieta. ¿De trabajo, «bien, gracias»?
—Así es. En unos pocos días me habré ido a México, para regresar a últimos de mayo o primeros de junio. Este año voy a descansar de trabajar en España.
—Si es que muchas veces no se puede «estar en Misa y repicando», como se dice.
—¿Por qué?
—Artista, esposa, madre, abuela,…
—Y que también tengo cincuenta y nueve años y quiero disfrutar de mi familia. Ya se ha acabado eso de estar tres o cuatro meses de gira por ahí como una loca. Van pasando los años y una tiene que tranquilizarse y ver las cosas bajo otro prisma.
—El transcurrir de la vida misma suele ser el mejor de los sedantes.
—Sí. Yo no soy una persona que vaya a morirse sobre el escenario, y esas cosas. Yo he sido una mujer privilegiada tanto a nivel personal como profesional, pero las cosas hay que ir dejándolas poco a poco, sobre todo después de haber comenzado en el mundo artístico a los quince años.
—Hay mujeres que dicen que un nieto les rejuvenece.
—Me encanta, y además ejerzo de abuela. Eso de que un nieto me llame «Marieta o mami» no va conmigo.
—Las cosas, por su nombre.
—Eso es. A mí que mis nietos me llamen «lela», «abuela»,… De alguna forma, un nieto es como volver a vivir una maternidad, pero de una forma mucho más reposada, aunque luego acabes mucho más cansada que cuando eras madre. Esa es la realidad.
—¿La ley de tu vida, Marieta?
—La fuerza interior que uno tiene.
—¿De los sustos se aprende?
—Bastante, sobre todo si el corazón lo tienes a prueba de bomba.

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