15 ABRIL 2004

Exclusiva: Rocío Durcal y Junior posan por primera vez con sus nietos mellizos

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Rocío Dúrcal y Junior, sonrientes y felices, posan junto a sus nietos, Antonio y Aitor, en la casa de los padres de los bebés 
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El joven matrimonio posa por primera vez con sus hijos, que vinieron al mundo el pasado mes de septiembre 
—Por eso me refería antes a la alegría de ver que todo había pasado.
—Sí. Pero te diré que cuando mis nietos estaban en la incubadora, yo nunca pude llorar, la verdad sea dicha, porque algo en el corazón me decía que no iba a pasar nada y que mis nietos iban a salir adelante. Y lo mismo pensaba su madre. Pero, claro, mi marido y mis otros hijos también sufrían muchísimo, porque todo era muy delicado. Lo veía en sus rostros.
—Alguien tenía que aguantar el tipo.
—De alguna forma, sí.
—¿Algún cuidado especial con tus nietos?
—Tienen sus chequeos para ver cómo tienen los huesecitos y cómo van creciendo... Así hasta los cinco años por lo menos. Pero, vamos, los niños comen fenomenal y están estupendos, además de ser muy simpáticos. Sólo hay que verles en las fotografías...
—¿Eres una mujer religiosa?
Soy una mujer creyente
—Rezar puede reconfortar en momentos tan delicados como los vividos con tus nietos.
—Creo mucho en lo que la gente reza a tu alrededor. Me pasó cuando mi marido estuvo malo y cuando yo también estuve un poco malita. Aunque parezca una tontería, que la gente que te quiere rece un Padre Nuestro ayuda muchísimo humanamente hablando.
—A ver si ya se pone punto y final a una rachilla un poco mala en vuestra familia. —Pues, francamente, sí.
—Porque de lo tuyo ya estás perfectamente.
—Sí, aunque tengo que hacerme mis chequeos cada seis meses, porque hay que estar muy pendiente. Mi marido también está muy bien de la pancreatitis que tuvo hace unos cuantos años, y que fue un episodio tremendo. Gracias a Dios, hoy todos llevamos una vida normal.
—Marieta, antes te referías a que tus hijos viven frente por frente a vosotros…
—Así es.
—¿Decisión vuestra o de ellos?
—Antonio y yo compramos ese terreno enfrente de nuestra casa con la idea de que nuestros hijos vivieran allí cuando decidieran independizarse.
—A lo mejor podrían haber decidido venderlo, por ejemplo.
—Por supuesto que sí.
—Está claro que no lo han hecho.
—Pues no. Ya se han hecho su casita. Viven pared con pared, como si dijéramos, mi hija Carmen con mi nieto y mi hijo, Antonio, con su mujer y los mellizos. Tienen sus casas prefabricadas.
—Sólo falta Shaila.
—También tiene su terreno, pero de momento vive todavía con nosotros.
—Muchos padres dirán que es una suerte que puedas tener a tus hijos enfrente…
—Pues sí. Nosotros somos muy familiares
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