Antonio Machín, y su música revoloteando por la memoria de una generación, se fue en 1977 (en agosto de 2002 se cumplió el triste aniversario de los veinticinco años de su muerte). Hoy, los medios de comunicación más afines a la buena música nacida en Cuba recuerdan en sus espacios a Antonio Machín por un nuevo aniversario: se cumplen cien años de su nacimiento. Cien años que simbolizan todo un siglo al servicio del bolero, el cha-cha-cha y los espectáculos musicales con ritmos caribeños.

Una vida dedicada a la música
Machín fue viajero en su amor a la música. Desde los quince años se inició en los escenarios, gracias al apoyo del cantante Miguelito Zaballa. Con él comenzó a recorrer mundo, un mundo que se hacía inmenso a los ojos adolescentes de Antonio Machín. Tras estancias en Nueva York (junto a la orquesta de Azpiazu), Londres o París, y con la certeza absoluta de que la estrella de la fama le había designado como elegido, Antonio Machín llegó a España. En el corazón de la capital, en la calle Gran Vía, el cantante triunfó con piezas como Toda una vida, Angelitos negros o Dos gardenias para ti. Madrid se rindió a sus pies y él fue fiel a esta ciudad.

Explorar nuevos géneros
Sin embargo, no se quedó conforme con dar al público aquello que sabía positivamente que el público aclamaba. Hasta el año de su muerte, 1977, el músico experimentó y buscó qué ofrecer de novedoso, sin olvidar las tradiciones. Montó espectáculos, entre los que destacan, La vida empieza a las siete y Melodías inolvidables.

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