Alex Ubago acaba de lanzar su segundo trabajo

Dejó la carrera de empresariales
Se ríe cuando recuerda una foto que le hicieron a los tres años ‘dándole y dándole’ a una guitarra de juguete, ‘porque desde pequeñito sabía que los tiros iban por allí y era lo que me gustaba’.Si bien en su adolescencia la música fue una especie de distracción, a los dieciocho años, en su primer año de Universidad ,dejó la carrera de Empresariales para volcarse de lleno en ella.

—Y, además de la Universidad, ¿qué otras cosas has dejado? Le hablo de afectos, novias …,amores inolvidables …
—Dejo amigos que siempre vuelvo a ver. He perdido un poco el contacto, ya que no tengo el mismo tiempo para hacer las cosas que hacía antes. Muchos de ‘mi cuadrilla’ de San Sebastián estudian aquí, en Madrid,…y por eso las cosas no se me hacen tan difíciles. —No te me escapes … Y los amores, ¿qué? —(Se ríe).No me voy a quejar de eso, porque ahora ligo más que antes…, pero es difícil encontrar una chica que aguante el ritmo e incluso entienda cómo es esto. Estar todo el día de arriba para abajo, hoy en una ciudad, mañana en otra, después en otro país … quema mucho..

—Otra vez te me vas por la tangente. ¿Te enamoraste alguna vez, sí o no?
—Muchísimas. Soy bastante enamoradizo y lo confieso. Me enamoro fácilmente, pero no me gustan las mujeres que me digan lo que debo hacer e intenten llevarme. Lo único que pretendo es alguien normal, no demasiado sofisticada … ¡tampoco pienso mucho en ello, si te gusta una chica, te gusta y se acabó! Se asemeja mucho a ponerse a pensar,¿por qué el éxito?… Ni idea, te gusta y ahí está.

—Alex,¿la fama te abruma? Hablo de eso de entrar a un restaurante, que te reconozcan y ya no te dejen tranquilo.
—Ay (se ríe).La gente se porta muy bien conmigo. Pero cuando me quiero camuflar y pasar inadvertido,¿sabes qué hago? Me pongo una gorra con visera, y ¡nunca falla!¡No me reconoce ni Dios!,incluso en algunas ocasiones estoy en un sitio, ponen una canción mía y,¡nada, nada de nada!,aunque mis amigos se partan de risa.

—¿Algún amuleto, algún fetiche para que le recuerden quién es, hacia dónde se dirigen sus pasos y qué es lo que quiere?
—¡Claro! Y es la primera vez que lo digo. Unas Navidades, mi madre me regaló una brújula. Estaba dentro de una caja muy bonita, y cuando la abrí había una nota que decía: ‘Esto es para que nunca pierdas el rumbo’. Siempre la tengo sobre la mesilla de luz para recordarlo. Siempre me acompaña allí donde voy, y algo más, de la Real Sociedad ¡hasta la muerte! Que eso quede bien claro.

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