Entrevista en exclusiva con la gran estrella de la canción en Las Vegas

—Uno de los momentos más emotivos de su espectáculo es cuando dedica su canción «Si pudiera cambiar el mundo» a su hijo,,y a la vez finaliza el «show » con «It ’s a wonderful world» («Es un mundo maravilloso»).¿Qué le gustaría cambiar y qué le agradaría que se mantuviera?
—El mundo maravilloso puede estar dentro de nosotros, en lo que nos rodea, en todas esas pequeñas cosas que damos por descontado. La Naturaleza, la salud, una flor, nuestros padres, hermanos, amantes, amigos...Ya no nos tomamos el tiempo para meditar, para sentarnos a pensar, a comer, o para ir a la iglesia o llamar a los amigos.¡Ni siquiera para tocarnos! La gente habla a través de un teclado. Sin duda, el progreso tiene cosas maravillosas, pero a veces creo que es duro que nos aleje de la realidad más básica.

—Habla a menudo de su hijo, René Charles.¿Qué ha supuesto en su vida?
—El regalo más grande que uno se puede hacer a sí mismo es tener un hijo. Recuerdo cuando tuvimos a nuestro bebé: fue increíble. Yo volví a nacer hace dos años y medio con él. Mi madre me dio a luz, pero yo nací cuando di a luz a mi hijo.

—¿Ha cambiado su visión de la vida?
—El pequeño tenía unos seis meses cuando sucedió la tragedia del once de septiembre. Recuerdo que me senté junto a la cuna de mi bebé, y le veía dormir pensando que todo había acabado, que era el fin del mundo. Me preguntaba:«¿Qué he hecho, traer al mundo a mi niño cuando todos vamos a morir?¿Qué hace en esta tierra de bárbaros?».A veces me pregunto qué supone criar a un niño en un ambiente como éste, tan desafortunado. Realmente desearía que pudiéramos vivir en un mundo en paz. Es algo que todos queremos: un mundo sin barreras, libre, donde no importe quién eres y no haya etiquetas ni diferencias .A veces me siento desgarrada, pero hay que seguir adelante y luchar día a día.

—Háblenos de los acontecimientos del once de septiembre en Nueva York, que, sin duda, marcaron la política internacional. Usted, como mujer de un hombre de raíces libanesas,¿qué piensa del abismo que amenaza con abrirse entre Occidente y el Islam?
—Creo que una de las cosas más maravillosas de la vida es que todos somos diferentes. Veo a las personas como si fueran flores, todas llenas de color y de belleza, pero distintas. Grandes, pequeñas; rojas o azules...Como sean, no importa.¿Acaso no es maravilloso que una casa esté llena de flores que la llenen de color? Siento que mi marido es un tipo de flor, y yo, otra, y al unirnos se obtiene un resultado tan bello como magnífico.

—¿Cuál cree que sería la receta para conseguir esa paz que tanto anhela?
—Lo más difícil es que todos sentimos y queremos lo mismo: paz y libertad.¿Por qué no sucede entonces? Dinero, religión...,no lo sé. Si tuviera una solución, la compartiría con todo el mundo.

Más sobre: