Entrevista en exclusiva con la gran estrella de la canción en Las Vegas

—¿Qué espera de algo tan personal que se lleva sobre la propia piel?
—Sobre todo, que el perfume acompañe, que no domine. Quería algo que se fundiera con la piel de cada mujer para que lo hiciera suyo. Es como mi música: yo no me dedico a lanzar mensajes de redención. Simplemente, canto, y espero que le agrade a quien le guste.

—En la imagen publicitaria se la ve tomando impulso sobre un columpio. ¿Qué tiene que ver con su personalidad?
—Nunca he sido tan feliz como ahora, a mis treinta y cinco años. Me siento centrada, estable. Como en el columpio, me encuentro ligera y libre, pero sin perder nunca contacto con la tierra y con la realidad. Además, el movimiento del columpio me recuerda al de una cuna.

—Si su perfume fuera una canción, ¿cuál sería el título?
—Definitivamente, sería una canción de amor. Y con final feliz.

—¿Dedica mucho tiempo a su cuidado personal?
—Me maquillo yo misma e intento simplificar al máximo mi rutina de belleza. Los fines de semana prefiero disfrutar de mi familia. Esos dos días son intocables: mi marido, mi bebé y yo nos quedamos solos en casa y nos dedicamos a no hacer nada más que jugar con él, lo cual es un gran lujo.

—¿Le cuesta mantenerse en forma?
—Sé que a nadie le gusta oír esto, pero soy una mujer afortunada que no ha variado de peso en toda su vida. Sólo engordé una vez, durante el embarazo, cuando gané veintiséis kilos. ¡Me encantaba! Me gustaba muchísimo y lo echo de menos. No hago ejercicio y, además, los cinco espectáculos a la semana me proporcionan toda la actividad que necesito. Quiero engordar cuando me haga mayor. Quiero tener nietos y que éstos me encuentren confortable, tener un pecho grande, como un cojín, y brazos como almohadas. Mi madre es una mujer grande y me parece muy hermosa. Creo que las abuelas deben ser así, para que cuando sus nietos corran hacia ellas se vean envueltos en almohadones de amor.

—Está rompiendo todo tipo de récords con su espectáculo en Las Vegas, donde estará tres años.¿Qué le decidió a aceptar este compromiso tan largo para un artista?
—Durante dos décadas, mi marido y yo hemos vivido en hoteles, y nunca me importó. Pero ahora tengo un hijo, y quiero que tenga una estabilidad, un lugar al que llamar «hogar»,y Las Vegas me ofrece esta posibilidad. Deseo que mi bebé sepa que su mamá se va cada día a trabajar, pero que también regresa a diario a su lado.

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