Miranda y sus hijos finalizaron sus tranquilas y discretas vacaciones en la Costa del Sol

Hace unos días, y precisamente en vísperas de regresar a Punta Cana, unos fotógrafos de agencia fotografiaron a Miranda Rijnsburger y a sus cuatro hijos cuando hacían una divertida excursión por los alrededores de la casa de Ojén. Las imágenes, que en algún momento parecen como las de un cuento que transcurriera por un bosque encantado, muestran a Miranda muy pendiente de los cuatro, especialmente de las gemelas, Victoria y Cristina, a las que, en momentos en que el cansancio ya hacía mella en ellas, llevó en brazos durante un rato. Casi al atardecer, y después de un día lleno de emociones infantiles y aventuras por el bosque, Miranda y sus hijos regresaban a casa, donde pudieron darse un reconfortante baño.

En realidad, desde que hace tres años empezaron a veranear en la casa de Ojén, la vida de los Iglesias en la Costa del Sol ha sido una vida completamente alejada de bullicio y de fiestas. Entre otras cosas, porque estos años —al igual que casi todos los de su vida como artista— Julio ha dedicado el verano a trabajar, y cuando, entre concierto y concierto, ha tenido un día o dos de descanso, los ha dedicado a estar con Miranda y sus hijos sin salir de la casa, a la que, por cierto, durante su gira por España los dos últimos años regresaba todas las noches —después de actuar— trasladándose hasta Málaga en su avión privado y después en coche hasta Ojén. Hay que destacar, por otra parte, que Miranda es una mujer discreta a carta cabal, sencilla, que en ningún momento busca protagonismo ni notoriedad, y que no lleva vida social alguna, salvo cuando sale con Julio. De ahí que, en las muy contadas ocasiones en las que se le ha podido ver estos años por la Costa del Sol ha sido siempre o bien porque estuviera realizando algún tipo de compra o bien porque estuviera con sus hijos, a los que en un par de ocasiones ha llevado a un campamento de verano.

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