Miranda y sus hijos finalizaron sus vacaciones en la Costa del Sol

Mientras Julio Iglesias, siempre en la cresta de la ola del éxito, llevaba a cabo su gira por Europa, en la que a modo de preciado anticipo, y formando parte de un siempre perfecto y atinado repertorio, ha ofrecido al público las canciones de su nuevo disco, que saldrá al mercado el próximo otoño, su mujer, Miranda Rijnsburger, y los cuatro hijos de la pareja, Miguel Alejandro, Rodrigo y las gemelas, Victoria y Cristina, que forman la nueva familia del artista, pasaban el verano, de forma totalmente discreta, en la casa de Ojén (Málaga), propiedad que Julio adquirió hace casi tres años, y que, situada en una incomparable atalaya, tiene como horizonte el azul del mar —el mar que tanto necesita siempre el artista—, al tiempo que está envuelta en una especie de oleaje de vegetación y frondosidad. El pasado domingo 10 de agosto, y coincidiendo con que Julio ha iniciado su gira por Estados Unidos, en realidad se trata de una gira mundial que finalizará el 17 de diciembre en Wellington (Nueva Zelanda), Mi- randa y sus hijos regresaron a su casa de Punta Cana (República Dominicana.

Precisamente hablando del entorno y la ubicación de la casa de Ojén, Miranda, cuando el pasado mes de junio publicábamos el reportaje de la que tienen en Punta Cana y le preguntábamos dónde se encontraban más a gusto sus hijos, si en la Costa del Sol o en la República Dominicana, nos decía: «Les gustan por igual ambos lugares, aunque son dos mundos diferentes: Punta Cana es el mar; Málaga —la casa de Ojén— es la montaña… sin dejar de tener cerca el mar. En la casa de la Costa del Sol tenemos nuestra huerta, paseamos por el monte… Lo más importante de todo —y es el punto que tienen en común ambas casas, al igual que también sucede lo mismo con la de Miami— es que nuestros hijos están en permanente contacto con la Naturaleza y respiran aire puro».

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