Exclusiva: Entramos por primera vez en la paradisíaca casa de Julio Iglesias y Miranda en Punta Cana

ESPECIAL CASAS

Mirando al Caribe de Punta Cana, ese incomparable paraje por el que la República Dominicana asoma su proa al mar como si quisiera poner rumbo al Viejo Continente, la casa, que tiene la singularidad de no ser visible ni desde tierra ni desde el mar (no tiene vocación de escaparate ni de ostentación, sino intención y voluntad de intimidad, de ahí que ni se vea, ni se sienta hasta que uno no está en su interior), se extiende bajo el sol sin levantar más de lo justo la voz de su precisa y preciosa arquitectura para no romper la magia de un paisaje que es, en el fondo, parte esencial y emocional de su alma. La casa, enclavada concretamente en el Resort de Punta Cana, es única en el mundo por el hecho de que en ella confluyen tres culturas, la balinesa, la antillana y la española. Por otra parte, la casa es bella porque bellos son los cuatro elementos que fundamentalmente la componen —caoba, bankirai, pino de Oregón y coralina—, y tiene, a la vez, el don de la sencillez.

SOBRE UN MILENARIO MAR DE CORALINA
La casa, edificada sobre un milenario mar de coralina y construida con bellos y nobles materiales que son resumen de las tres citadas culturas que, en perfecta simbiosis, tienen en ella su punto de encuentro, es la casa de Julio Iglesias, de su mujer, Miranda, y de sus cuatro hijos, que corretean por ella alegres y felices. Es, por otra parte, el auténtico descanso de un guerrero, de un artista y su innegable afán de superación. Aquí, en esta casa, Julio tiene un punto de encuentro con su música y sus amigos durante una parte del año. Y aquí, en esta casa y siempre que mira al maravilloso retal azul esmeralda del Caribe de Punta Cana, Julio recuerda siempre su mar Mediterráneo que ve desde la serranía de su casa de Málaga, a la vez que habla y habla constantemente de su Galicia querida y de su bravo mar, por cierto, muy presente todos estos meses en sus conversaciones a causa de la terrible tragedia ecológica ocasionada por la desoladora marea negra. Y es que, esté donde esté, Julio se siente atado siempre a la mar.

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