Raphael, días de descanso junto a Natalia Figueroa

Durante todo este tiempo, Raphael no ha perdido el sentido del humor: «El día que lo pierda estaré perdido», y también tuvo palabras llenas de amor y agradecimiento para su esposa, «lo mejor que me ha pasado en esta vida».
—Quiero dar públicamente las gracias a mi mujer. Nadie sabe los cuatro meses que ha pasado. Es maravillosa. Así como a mis hijos, a mi yerno y a mi nuera. Se han portado todos de locura. También quiero agradecer a la prensa que haya divulgado esta noticia, ya que puede ayudar a que haya muchos más donantes. España los necesita. Tenemos que prolongar nuestra vida en los demás, por eso ya soy donante de lo poco que tenga sano, pero hay mucha gente que lo tiene todo muy sano, y es bueno que se acuerde de que hay otros que esperan. Quiero dar las gracias a mi médico personal, el doctor Vicente Estrada, que se ha portado durante treinta y cinco años como si fuera mi padre, y él fue quien me puso en las manos de don Enrique.
Y añadía en su lista de agradecimientos:
—Gracias a los miles de donantes, en especial a los cuarenta y ocho que se sometieron a las pruebas, entre ellos muchos de mis amigos, aunque al final no hubo necesidad, porque los acontecimientos se precipitaron, ya que me encontraba en una fase muy terminal. Gracias al público por esos miles y miles de mensajes de cariño que me envían a través del fax, de los e-mails, de telegramas, de llamadas, no sólo a nivel de España, sino de todo el mundo. Muchas gracias, de verdad.
Junto a él, Natalia, su «enfermera jefe». El freno de ese ímpetu por volver hasta que se cumplan los plazos previstos. La vigía del artista. El faro de la familia. Ha pasado mucho. Sin una sola queja. Como Jacobo, Manuel y Alejandra, sus hijos. Siempre ha estado Natalia con una sonrisa en los labios, aun cuando el alma no estaba ni mucho menos para una bulería, porque era tiempo de peteneras. Pero todo ya quedó atrás, y hoy la familia Martos es una fiesta por un doble motivo: por un lado, la sensacional recuperación de Raphael, y del otro, la próxima llegada de Manuela, el primer nieto del artista. Una auténtica balada de alegría que hasta resuena en los valles de Navarra.

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