Raphael, días de descanso junto a Natalia Figueroa

Está como un chaval de dieciocho años. Pero no sólo en lo que a la voz se refiere. Su ánimo, su disposición y sus enormes ganas de trabajar, su «otra enfermedad», vuelven a primera línea de salida tras un obligado paréntesis de cuatro meses. El tiempo necesario hasta que, finalmente, llegó el esperado hígado de un anónimo donante. Hombre o mujer, eso nunca lo sabrá el artista. Jamás verá su rostro, pero cada día le sentirá, le recordará y le dará las gracias por seguir adelante. Cuarenta y cinco días apenas han transcurrido desde que fue intervenido, y su recuperación está siendo magnífica. Está como loco por subirse de nuevo a los escenarios. Pero mientras ese momento llega, Raphael y Natalia se han ido a Navarra, al caserío de sus amigos Daniela y Santi Arriazu, en pleno valle del Baztán, en Zuastoi de Azpilkueta, donde han pasado diez días de descanso tomando el aire y el sol y dando largos paseos. Un paréntesis de naturaleza antes de volver a los platós, como el de «La noche abierta», de Pedro Ruiz, o de iniciar esa gira que le aguarda en octubre y que le llevará a Nueva York, Hispanoamérica, Rusia, Australia y Canadá. Un incansable Raphael que contaba todos sus proyectos tras ser dado de alta en el hospital.

—Estoy montando cinco cosas a la vez. También ensayo. Lo hago sentado para no cansarme demasiado. Como tengo muchos recursos, porque he aprendido bastante en estos cuarenta años, en vez de usar el diafragma, uso mi voz normal, pero lo que sí estoy notando es, como decía anteriormente, que todas las canciones me vienen bajísimas, así que me tengo que poner de acuerdo con el director de mi nueva grabación, porque todo eso hay que subirlo. Mi voz ha crecido, se nota muy limpia, como la de un chaval de dieciocho años.

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