Natalia: "No puedo disfrutar del presente porque tengo miedo al futuro"

—De no haber conseguido el éxito, ¿qué habría sido Natalia?
—Periodista. Fíjate que pagué la matrícula y ni siquiera me dio tiempo a comenzar las clases porque me llamaron de «Operación Triunfo». Ahora bien, no pienso dejar todo. Quiero estudiar Arte Dramático o Comunicación Audiovisual. Me encanta estudiar, lo que pasa es que ahora no encuentro el tiempo.
—¿Hay que aguantar mucho en este mundo?
—A ver. Hay que tragar muchas cosas. Yo estoy aprendiendo. Sólo tengo veinte años y una de las mayores lecciones es que siempre hay que estar con una sonrisa de oreja a oreja. Siempre. Porque el público no tiene culpa si un día estás enfadada.
—Tú no pareces una mujer que se enfade mucho.
—Tengo el genio escondido y a lo mejor lo saco más con los que están más cerca de mí: mi hermano mayor, por ejemplo.
—¿Viaja él siempre contigo?
—Sí, es mi «manager», mi asistente personal. Estoy más tranquila así. Es muy bueno que alguien te cuide y esté pendiente de ti.
—¿A qué teme Natalia?
—Soy muy miedosa. Por ejemplo, me da miedo pensar: «¿Y si esto no va bien?».
—¿Eres positiva?
—Totalmente.
—¿El momento más duro de todo este tiempo?
—Cuando voy a llegar a un concierto y comienzo a pensar si habrá gente o no. Cuando asomas la cabeza por detrás de la cortina para ver cómo está de público. Es un momento en el que lo paso mal.
—¿Cuál es el recuerdo de tu niñez que siempre te acompaña?
—Siempre he sido una niña muy feliz y siempre tengo una imagen muy presente en mi cabeza: yo en la puerta de mi casa de Sanlúcar jugando con mis amigas a concursos de cantar. Recuerdo que imitaba a Madonna y me inventaba la letra.
—¿El mejor consejo de tus padres?
—Que sea siempre yo misma y que si me siento a gusto con lo que hago, que lo lleve a cabo sin pedirles permiso a ellos. De todas formas, siempre han confiado mucho en mí, porque soy muy responsable.
—¿Algún otro artista en la familia?
—No. El loro, que canta (risas). Pero qué va, qué va. Mi hermano toca el piano y mi madre tiene una voz impresionante. Mi padre sólo canta cuando va al Rocío con su todo-terreno.
—¿Qué hiciste con el primer dinero que ganaste?
—Lo tuve que invertir, porque si no luego viene Hacienda con la rebaja, y ya sabes. Me he comprado un piso en San Cugat y el resto lo he guardado.
—¿Eres derrochadora?
—Para nada. Sólo te diré que el dinero que me regalaron el día de mi Primera Comunión lo tuve guardado hasta los quince años.
—Gastarás algo.
—En ropa para actuar y los gastos de mi casa, como pueden ser el agua, la luz, el teléfono... No soy una mujer caprichosa. Miro mucho por el futuro. Me digo a mí misma: «Hoy, las cosas van bien, pero, ¿y si mañana no van?».
—Luego no vives el presente.
—Tengo un problema: no disfruto el presente porque siempre estoy pensando en el futuro.
—¿No hay forma de cambiar eso?
—¡Ojalá! Mi madre siempre me dice: «Natalia, disfruta». Pero tengo miedo al futuro, no puedo negarlo.
—¿Vives sola?
—No, con mi hermano. No me gusta la soledad. Me da miedo que alguien pueda dar una patada a la puerta y entre en mi casa. Es una tontería, pero es algo que siempre me ha preocupado.

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