Ainhoa habla por primera vez tras su operación de garganta

Entro en «Operación Triunfo » con la ilusión puesta en el intento por grabar un disco en solitario y salió del concurso como flamante vencedora (tuvo más votos que Beth en la primera parte, aunque esta última ganó luego con su canción para ir a Eurovisión). Ainhoa logró en esos meses cumplir el sueño que rondaba por su mente desde niña y en el que puso todo su empeño. Pero para llegar a lo más alto, esta simpática vizcaína tuvo que pasar otra dura prueba: si quería continuar con su carrera artística recién empezada tenía que entrar al quirófano para quitarse un pólipo que no le permitía rendir al 100 por 100 de sus posibilidades. Ahora, un mes después de esa intervención, Ainhoa habla por primera vez para explicar cómo le va la vida tras salir de la Academia. Atrás quedan los esfuerzos por llegar hasta el final. De ahora en adelante tiene la lucha por dar lo mejor de sí misma y demostrar al público que no se equivocó cuando votó por ella. Tras unas semanas de reposo, en las que aprovechará para estar con su familia y con su novio, Ainhoa promete volver con más fuerza que nunca el 30 de abril para iniciar la gira con sus compañeros de Academia. Después viajará a Miami para grabar su disco de la mano del famoso productor Emilio Stefan.

Ainhoa, ¿cómo te encuentras después de la operación a que te sometiste?
—Estoy muy tranquila, porque la operación ya pasó. Al salir del hospital pasé unos días con mi familia y con mis amigos y ahora tengo que hacer rehabilitación, que es lo más costoso. Hacer ejercicios por tu cuenta.
—¿Te trata la misma foniatra que a Rosa?
—Sí ,vamos a la misma foniatra y ,por ahora, lo que tengo que hacer es no cantar. Y eso me cuesta mucho, porque yo cantaría todo el día: en la ducha, comiendo...Pero ya me lo he quitado, y ahora,¡viento en popa a toda vela!
—¿Qué tenías?
—Un pólipo, pero ya me lo han quitado. Era imprescindible quitármelo, porque ya llevaba con él mucho tiempo. Cuando entré en «Operación Triunfo » hacía un año que tenía un nódulo y notaba que tenía más afonías, ronquera, más cansancio. En la Academia ya me dijeron de qué se trataba. Lo llevé lo mejor que pude, salió bien y me decidí a operarme, porque, como decía, era necesario.
—Pero no pierdes la sonrisa...
—¡No! Siempre hay que llevarla.

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