Marta Sánchez, embarazada de su primer hijo

Todo llega en la vida ». Es una frase que bien se podría poner en boca de Marta Sánchez, que acaba de ver cumplido uno de sus mayores sueños: ser madre. Para agosto está previsto el feliz acontecimiento. La popular cantante es una mujer feliz, aunque, por casualidades de lavida y del trabajo, no haya podido compartir con Jesús Cabanas, su marido, la complicidad y la ilusión de los primeros instantes, tras los pertinentes análisis, al leer en un trozo de papel las mágicas palabras que anuncian una nueva vida en camino.

—Marta, un sueño hecho realidad.
—Sí, totalmente. Estoy embaraza- da de siete semanas Tenía muchas ganas de ser madre.
—¿Llega este niño en el momento justo?
—Es un hijo que me llega en el momento idóneo de mi vida, puesto que lo tengo con la persona a la que amo. Por otra parte, creo que, a mis treinta y seis años, ya era la hora para tener mi primer hijo.
—Un hijo siempre es motivo de felicidad.
—Sí, por supuesto que sí. Este niño que viene es una ola de energía y de aire fresco para la familia.
—Más cosas que este niño signifique, Marta.
—Que culmina los deseos que siempre he tenido de formar una familia.
—Porque tú has luchado por conseguir esa familia.
—Más que luchar, siempre he sabido lo que quería y he ido buscando lo que deseaba.
—Tenías muy claras las cosas.
—Totalmente. Creo que en la vida todos buscamos a la persona que creemos es nuestra «media naranja», la persona que más se compenetra con tu forma de ser y con tu estilo y, sobre todo, con tu educación, que, para mí, es primordial.
—Tu profesión se va a ver ahora ralentizada, lógicamente.
—Por supuesto, pero te diré que este niño me llega en un buen momento profesional, porque ya he acabado la gira promocional de mi disco «Soy yo »,y justo es ahora cuando comienzo la etapa de preparación de un nuevo álbum, que compondré y grabaré durante mi embarazo con toda probabilidad.
—O sea, que vas a trabajar hasta el final.
—Depende de cómo me sienta. De todas formas, ya he tenido que suspender cosas en América que tenía programadas para enero y febrero porque los primeros meses de embarazo hay que cuidarse más. Por otra parte, no me apetece hacer un viaje en avión de doce horas y cambiar mis horarios, como tampoco saltar en el escenario.
—Ahora pareces estar bien.
—Me encuentro perfectamente. Por lo menos hasta ahora.
—Un hijo viene, como se dice, con un «pan bajo el brazo», pero también con responsabilidad a manos llenas para sus padres.
—Por supuesto. Y me asusta si sabré o no educar a un hijo, algo, por otra parte, que creo preocupa a todas las madres. Quiero hacerlo lo mejor posible e intentaré educar a mi hijo con las pautas que a mí me fueron dadas por mis padres.
—Perdona que insista, Marta. ¿Cuáles?
—Tener unos buenos modales y un respeto a los demás, saber estar...Jesús y yo intentaremos hacer un buen trabajo con nuestro hijo en este sentido. Ambos tenemos un criterio muy similar de lo que es la vida. Por otra parte, somos estrictos en determinados aspectos de la educación. De cualquier forma, pienso que se hace un flaco favor a un hijo si no le educas bien. Es más, tener una buena educación y unas reglas es primordial para la futura vida de ese niño.
—Ya que mencionas a Jesús, tu marido,¿cuál fue su cara cuando le dijiste que iba a ser padre?
—No pude ver su cara, porque se lo dije por teléfono.
—¿Tan impaciente estabas por decírselo, Marta?
—No, no pude esperar.
—¿Ni siquiera a veros en casa, por ejemplo?
—Jesús lleva diez días en Buenos Aires haciendo un anuncio.
—¿Cómo reaccionó él?
—Se puso muy nervioso y se emocionó mucho. Me dijo que a quién iba a abrazar, si al cuadro que había en la habitación de su hotel.

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