Madonna

"Fresca, descarada y seductora", con estas palabras definió la revista Time a esa rubia explosiva que asomó la cabeza en el mundo de la música a comienzo de los 80 para consagrarse, poco más tarde, como la indiscutible reina del pop.

Tenía 16 años cuando escapó de su casa, con tres mil pesetas en el bolsillo, rumbo Nueva York, ciudad de los rascacielos y de los sueños. Decidida y desenvuelta, la joven Madonna Louise Verónica Ciccone comenzó a frecuentar los locales nocturnos de moda en busca de un cazatalentos que supiera valorar el trabajo contenido en sus maquetas.
En poco tiempo, su belleza camaleónica de dejaba ver en portadas, posters y vallas publicitarias, y su potente voz se escuchaba en todos los rincones del mundo. Esa desconocida chica de origen italiano se había convertido en el sex-symbol de la Norteamérica conservadora de Reagan, y muchos veían en ella a una sucesora de la desaparecida Marilyn.

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