Uno de los momentos más esperados de la película de la Bella y la Bestia es aquel en el que aparece Emma Watson bajando las escaleras del palacio para unirse a la Bestia y juntos bailar al compás del tema “Bella y Bestia son”. En la escena, uno de los focos de atención es la reinterpretación del icónico vestido amarillo de la princesa, que fascinó a chicos y grandes en la década de los 90, aún la propia Emma esperaba este momento argumentando que se sintió perfecta al usarlo y que fue “un vestido de ensueño para bailar”.

Por supuesto la confección de una pieza así no fue tarea sencilla, creada por la ganadora del Oscar al premio como mejor diseñadora de vestuario, Jacqueline Durran, la prenda fue el resultado de un largo proceso de diseño, que implicó varias horas de planeación y discusiones sobre su aspecto, color y materiales.

"El vestido en nuestra película siempre se pensó en amarillo como un homenaje a la animación", dijo Jacqueline a la edición estadounidense Glamour. "Lo que tratamos de hacer fue volver a interpretarlo y darle un poco de volumen añadiendo más textura y haciéndolo sentir como un verdadero traje".

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Al final la pieza se creó en diferentes capas que se confeccionaron en organza y satín e incluyeron plumas que se tiñeron de tono amarillo. En total se ocuparon 180 pies de tela que se cortó en forma circular y requirió 3 mil pies de hilo.
Las dos capas superiores del vestido se imprimieron con filigrana de hoja de oro en un patrón que coincide con el piso Rococó del salón de baile y se acentuaron con 2 mil160 cristales de Swarovski.

El mítico atuendo fue confeccionado en 12 mil horas y se tuvieron que realizar varias copias. El equipo decidió no incluir un corsé, ni armador pues querían que la actriz se sintiera más ligera para moverse, también porque en esta película el rol de Bella es más activa que en el filme animado.

“El vestido en sí es tan emblemático porque es parte de esa escena romántica en la historia. La prenda pasó por un montón de iteraciones diferentes, pero, al final, decidimos que lo más importante era que el vestido se moviera en la escena de baile maravillosamente. Queríamos que pareciera que podía flotar, como si pudiera volar”, dijo la británica a Glamour.

Por su parte la diseñadora acordó con Emma diciendo que el detalle del movimiento lo tomaron en cuenta para todos los atuendos del personaje.

“No queríamos que fuera una delicada princesa, mas bien una heroína activa”.

En cuanto al calzado, esta consideración también se refleja pues Emma usa un par de botas para acompañar al vestido amarillo. Esto con el fin de darle versatilidad al personaje para cuando este se suba al caballo.

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