Cómo elegir tus gafas según la forma del rostro

Lo más importante es aportar definición, en función de la mandíbula, nariz y pomulos



Simon Baker ha hecho de sus gafas de montura gruesa su seña de identidad

Enfrentarse al espejo de la óptica cada vez que vamos a probarnos unas gafas nuevas puede convertirse en todo un reto sino conocemos de antemano qué funciona mejor con nuestros rasgos o forma de la cara. Una nariz prominente es muy diferente de una nariz roma, y lo mismo sucede con la elevación de los pómulos, la redondez de las mejillas, el ancho de la frente o incluso la alineación de boca y barbilla.



Johnny Depp apuesta por las lentes de colores graduadas

Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de elegir gafas nuevas es si queremos que el tipo de marco en el que van engastados los cristales forme parte de nuestra indumentaria diaria como un complemento más, o por el contrario sea lo más transparente e 'invisble' posible, como sucede con las gafas de montura al aire o las de materiales ultraligeros como el aluminio o el titanio.



Las nuevas monturas de las casas de moda son más gruesas y transforman la lente en un accesorio

Este tipo de gafas ligeras, sin embargo, ha caído ligeramente en desuso en los últimos años, gracias sobre todo al empeño de las casas de moda de facturar lentes reconvertidas en accesorios, como una corbata, los gemelos o el pañuelo de la chaqueta. La fórmula en estos casos suele ser bastante sencilla, con monturas de pasta o plástico gruesas y llamativas, que se atreven con geometrías desconcertantes, cristales redondos o la clásica forma cuadrangular, que favorece a la mayoría de rostros masculinos.



Justin Timberlake, con gafas de montura amplia y patilla gruesa

Las nuevas tendencias permiten, además incorporar color a la lente, normalmente gracias a un cristal progresivo que cambia de color dependiendo de la incidencia de la luz, transformando la gafa de ver en una gafa de sol graduada. Eso sí: a la hora de hablar de formas y líneas, la clave para acertar no es otra que analizar cuál es la forma de nuestro rostro, y aportar con la gafa aquello de lo que carezca. Un ejemplo: un rostro redondo siempre funcionará mejor con una gafa angulada, mientras que una cara más cuadrada o de mandíbula prominente lo hará con una montura más redonda o curvilínea.

La complexión más universal: la cara ovalada, que funciona prácticamente con cualquier tipo de gafa en lo que respecta a forma y tamaño del cristal, aunque nunca está de más añadir un poco de definición con una montura con carácter. A la hora de elegir color, lo más importante es mantener la cabeza fría, y tener en mente cuándo y en qué situaciones vamos a necesitar las gafas, y mantenerse dentro de la gama de los neutros para las 'gafas de batalla', que te permitan combinar con tu fondo de armario con facilidad.

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