¿Cómo seremos dentro de cien mil años?

Un proyecto sobre tecnología y evolución humana avanza el perfil del hombre del futuro



Prototipo de hombre y mujer del siglo XXI, según el artista Nickolai Lamm

Dicen que evolución y creacionismo deberían ir de la mano a la hora de explicar las diferentes etapas del desarrollo humano a lo largo de la historia. Con lo que seguramente no contaban los expertos en este campo era con la tecnología, y cómo afectará esta al ser humano en los próximos miles de años. Manos a la obra con estas teorías se han puesto el artista Nickolai Lamm y el doctor Alan Kwan, experto en genética computacional de la Universidad de Washington. Su proyecto: crear un mapa humano de la evolución a través de los próximos veinte, sesenta y cien mil años.

Factores que entrarían en juego: desde nuevas formas de comunicación, como las innovadoras gafas de Google, que verán la luz a finales de este año y avanzan una forma completamente nueva de incorporar la tecnología a nuestra vida, hasta los entornos naturales en los que se desenvolverá el ser humano en este espacio de tiempo, o los cambios climáticos que afectarán al organismo de hombres y mujeres, haciéndolos evolucionar lentamente hasta adaptarse a las nuevas condiciones de vida.



Así seríamos tras otros 20.000 años de evolución: frentes más amplias y tecnología adaptada al organismo

Sus predicciones, eso sí, son únicamente eso: una de las miles de posibles vías de evolución del ser humano en un futuro muy, muy lejano. Claro que no deja de resultar interesante la manera en que los científicos del siglo XXI contemplan el perfil del hombre del futuro. De este modo, los hombres y mujeres que caminen sobre la Tierra dentro de cien mil años presentarán una frente mucho más amplia que la de hoy en día -de hecho, apuntan, el tamaño de la frente es uno de los rasgos que más y más rápidamente ha evolucionado en los últimos seiscientos años-, con menor protagonismo del resto de rasgos faciales.

El tamaño del cráneo crecerá para albergar un cerebro, también, más grande. También crecerá el tamaño de los ojos: para entonces, la retina humana contaría con la misma estructura que la de otros animales vertebrados con visión nocturna, como perros, murciélagos, cetáceos o caballos, reflejando los rayos luminosos e incrementando la luz disponible. La piel se volverá cada vez más oscura y los párpados más gruesos, para adaptarse a los rayos UV del sol, que serán progresivamente más dañinos. Los agujeros de la nariz también se volverán más grandes, y el pelo, más denso.

La ingeniería genética tendrá también su papel en el proceso de evolución de los rasgos faciales: las nuevas líneas de investigación avanzan un futuro donde será posible elegir los rasgos 'a la carta' desde antes de nacer el bebé, con tendencia a adquirir proporciones cada vez más simétricas.

La tecnología que hoy disfrutamos en forma de teléfonos o tabletas pasará a incorporarse a la fisionomía humana, siguiendo los pasos de los primeros cyborg: las gafas con acceso a Internet se convertirán en lentillas, y los auriculares a la antigua usanza, en diminutos implantes colocados sobre el conducto auditivo, que estarán a su vez comunicados con otras partes del cuerpo mediante nanotecnología.

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