¿Cómo envejece el rostro del hombre?

La grasa y el colágeno de la piel son los responsables de los efectos del paso del tiempo

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Hace poco descubrimos que el rostro del hombre envejece de forma distinta del de la mujer: su piel y estructura ósea ralentizan el paso del tiempo, y hacen que los años se noten menos, o más lentamente, que sobre la dermis femenina. Pero, ¿en qué consisten exactamente estos cambios?

El Dr. Jesús Benito Ruiz, cirujano plástico y director del antiaging group de Barcelona, ha presentado estos días su primera guía médica de estética y belleza masculina para dar respuesta a esta y otras preguntas. La clave para entender el 'factor tiempo': la pérdida de la definición de las líneas del rostro, y la aparición de los primeros surcos en la piel, y de los que son responsables el tejido graso, como los músculos y los huesos faciales, además de los ligamentos de suspensión.

Uno de los primeros 'culpables' del envejecimiento sería, pues, el cólageno: cuando este 'cemento', que hace de unión entre las células de la piel, pierde soporte, se produce el consecuente colapso de la célula y su incapacidad de producir más colágeno, dando lugar a un círculo vicioso que arrastra a las células contiguas.

En el hombre, el grosor de la dermis y la densidad de colágeno son mayores que en las mujeres, con lo que el inicio de la flacidez es posterior, aunque no por ello inexistente, especialmente en zonas como el tercio medio del rostro, que abarca la mejilla y el surco nasogeniano.

Junto a la producción de colágeno, la grasa es el segundo elemento que entra en juego a la hora de mantener un óvalo facial joven. El tejido adiposo es responsable de las líneas cóncavas y convexas del rostro, recubriendo los diferentes compartimentos que componen la cara, y en cuyos límites se situarían los ligamentos y tabiques de sujeción. Con la edad, se produce una pérdida de volumen de los paquetes grasos profundos, que hace que los compartimentos superiores se desplacen, dando lugar a los surcos de la piel.

Por último, los cambios a nivel óseo, que suelen afectar especialmente al hueso maxilar superior, que al reducir su altura con el paso del tiempo, lleva a un efecto 'acordeón' de los tejidos.

Tratamientos que mejoran o retrasan estos efectos: los que estimulan la producción de colágeno mediante retinoides, peelings, láser o radiofrecuencia; el uso selectivo de bótox, que estabiliza los músculos; y el relleno de las zonas deprimidas para restaurar la convexidad natual de la cara. Estas técnicas serían las alternativas más populares y eficaces al tradicional lifting.

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