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RANIA DE JORDANIA: OTRA MAESTRA PARA LA PRINCESA SALMA DE MARRUECOS

La esposa del rey Mohamed VI da un paso más, como anfitriona de la Soberana amiga y vecina, en la modernización de su reino

Cuando se anunció su compromiso matrimonial en 2002 con el rey de Marruecos, Mohamed VI, algunos medios de comunicación se arriesgaron a decir -adelantándose mucho a los tiempos que habrían de venir- que con aquella boda se rompería una tradición de 12 siglos.
Mohamed V y Hasán II, abuelo y padre del actual monarca, siempre mantuvieron a sus esposas en un discretísimo segundo plano y no pensaron ni remotamente en convertirlas en compañeras de viaje. Prueba de ello es que Lalla Abla, la madre del actual rey y sus cuatro hermanos, sólo existe una fotografía tomada, sin permiso, durante los esponsales de la princesa Lala Hasna, en el Palacio Real de Fez, y publicada en Paris Match, una semana después de las fiestas nupciales.
El Rey, que había renunciado a mantener el tradicional harén, tres años antes, presentó “oficialmente” a su prometida, difundió imágenes de los dos juntos y empezó a contar con la princesa Salma, al igual que sus hermanas, para propagar un nuevo mensaje: la modernización del País y la causa de la mujer en el Islam.
Han pasado cinco años desde entonces, pero en las últimas fotografías de la esposa del Rey vemos claramente un cambio de actitud en su persona cuando recibe, como anfitriona, a la reina Rania pisando con firmeza el reino de su esposo.
A primera vista, desde su boda en 2002, han sido dos los pasos más grandes que se ha permitido dar públicamente como esposa del Rey. El primero de ellos de la mano de la reina Sofía, en febrero de 2005, cuando Salma Benanni rompió con el estereotipo de esposa marroquí y las ancestrales tradiciones que sólo la reconocían como madre de los Príncipes herederos, gracias a la especial consideración de doña Sofía que, fue ganando terreno, poco a poco, para ella durante su visita.
La Reina de España buscó los momentos en los que, sin dejar de ser absolutamente respetuosa con la tradición y los sentimientos del país anfitrión, podía reforzar el protagonismo de la esposa de Mohamed VI no permitiendo que quedara relegada a un puesto en la última fila por el simple hecho de ser mujer; o que no tuviera acceso a la tribuna de honor donde don Juan Carlos y ella, acompañados del Rey marroquí y de su hermano, escucharon los himnos nacionales.
Doña Sofía la cogió del brazo, tiró de su mano para ponerla a su altura cuando andaban, y se rió con ella como si fueran dos viejas amigas. También, con inmensa naturalidad, la Reina provocó que Sansegundo, ex ministra de Educación, saludara antes a la esposa que al hermano del Rey quebrantando así la indicación del maestro de ceremonias que, por puro protocolo estaba dando preferencia a Moulay Rachid. Una deferencia histórica que, sin duda, marcaría un antes y un después en la historia de Marruecos.

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