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Vestidos a tono -al igual que la mayoría de los presentes- en blanco y azul y sin preocuparles, al menos en apariencia, lo que el mundo pueda pensar de ellos, la pareja reapareció feliz para seguir dando que hablar entre un sinfín de interrogantes
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Días después de la gran reunión familiar que tuvieron en el marco de la "Fórmula 1", la pareja se ha dejado ver nuevamente en público, en el muelle del Puerto Hércules de Mónaco, durante la apertura de los Juegos de los Pequeños Estados de Europa, el pasado lunes día 4 de junio

ALBERTO DE MÓNACO Y CHARLENE FORMALIZAN SU RELACIÓN EN UNA NUEVA CITA DEPORTIVA

El Príncipe y la sirena reaparecen juntos en Montecarlo para asistir a la apertura de los Juegos de los Pequeños Estados de Europa

5 JUNIO 2007
Días después de que la ex campeona de natación sudafricana apareciera junto al Príncipe Alberto y su familia en la cena de gala del Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco prodigándose todo tipo de atenciones y mimos, la pareja se ha dejado ver nuevamente en público, en el muelle del Puerto Hércules de Mónaco, durante la apertura de los Juegos de los Pequeños Estados de Europa, el pasado lunes día 4 de junio. Una cita ineludible que reunió en Montecarlo al deporte de elite de los Estados que no sobrepasan el millón de habitantes: Luxemburgo, Islandia, Liechtenstein, Andorra, Chipre, Malta, Mónaco y San Marino del 4 al 9 de Junio.
Tras el ejercicio de unos meses “soltería pública” que llevaron a pensar en una ruptura silenciosa, y después de haber protagonizado como pareja unas apasionadas fiestas navideñas: Fin de Año y fiestas de Reyes en Kitzbühel, el corazón de los Alpes austriacos, parece que el príncipe Alberto y su novia están dispuestos a volver a las andadas ofreciendo al mundo románticas fotografías sin un texto oficial con el que rellenar los pies de foto.
Alberto II prometió a los ciudadanos de Mónaco que se casaría nada más asumir el trono y, aunque todo parece indicar que está dispuesto a cumplir con su palabra, a estas alturas los monegascos ya no saben qué pensar. Por un lado, creen que esta vez el Príncipe va completamente en serio y que Charlenne se convertirá en la nueva Grace del principado. Por otro, tanta ida y venida en un noviazgo no oficial y, sobre todo, que Alberto siga manteniendo la postura de que no se casa de momento (la última vez haciendo referencia a que este es el año en el que se dedicará a recordar a su madre por el 25º aniversario de su muerte), también les da mucho que pensar.

"La pasión vive aquí"
El soberano monegasco y la campeona olímpica de natación se conocieron, según cuenta su leyenda, durante los Juegos Olímpicos de Sydney, en el 2000, cuando el Príncipe se acercó al podio de los triunfadores para entregarle un ramo de flores a la deportista, Charlene... Y no volvieron a encontrarse hasta un año después, en el mismo Principado, durante la celebración del "Mare Nostrum Tour", así como de una cena que debió dejar a ambos muy buen sabor de boca. “¿Te acuerdas de mí?”, cuentan que le preguntó el entonces Príncipe heredero.
Los juegos de Turín, con el eslogan, “La pasión vive aquí” fue, años después de aquella primera cita, el marco elegido por Alberto, miembro del Comité Olímpico, para presentar al mundo a su novia. Un “ejercicio” que ha vuelto a repetir modestamente y sin tanta profusión en sus atenciones –algo a lo que se dedicó por completo durante el gran Premio de Fórmula 1 y muy especialmente durante el desfile de moda Amber Lounge- durante la inauguración de los Juegos de los Pequeños Estados en el reino de Montecarlo.

Charlene con ojos de enamorada
Una nueva cita deportiva ante el mundo con la que -si el compromiso se llegara a anunciar- el nombre de Charlene quedará para siempre ligado a la historia del deporte como antes quedó, entro otros muchos, el de Silvia de Suecia, quién enamoró al entonces príncipe Carlos Gustavo durante los Juegos de Múnich (1972); o el de Mary Donaldson que conocería también en “Sydney 2000” al que sería su esposo, el príncipe Federico de Dinamarca.
Vestidos a tono -al igual que la mayoría de los presentes-, en blanco y azul, y sin preocuparles, al menos en apariencia, lo que el mundo pueda pensar de ellos, la pareja reapareció feliz para seguir dando que hablar entre un sinfín de interrogantes... En una ceremonia en la que, todo hay que decirlo, fue Charlene la que se olvidó de los deportes y de sus objetivos en las olimpiadas de Pekín como nadadora sudafricana para dedicarse a mirar a su acompañante con ojos de enamorada.


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