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"Mi hijo conocerá las flaquezas y las virtudes de los humanos, viviendo a su lado, respirando el mismo aire y aleccionándose en la propia vida. Así, si un día llega a reinar, podrá comprender a su pueblo”
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La primera mujer sin ascendencia real que llegó a ocupar el trono y, también, la primera que, como hija del círculo industrial y cultural del Japón, tuvo que abrirse camino con sus aires renovadores ante el conservadorismo feudal de la corte

MICHIKO SODA: LA EMPERATRIZ QUE ROMPIÓ LAS TRADICIONES MILENARIAS

22 MAYO 2007
Fue la primera mujer desposada por amor en la corte del Japón, la primera que amamantó y educó a sus hijos, algo jamás visto en más de mil años, y la única que enmudeció durante un año para protestar contra su cautiverio.

“El amor y el sufrimiento son más bien inseparables
Aunque la emperatriz ha dedicado parte de su vida, desde su matrimonio con el Emperador, a la poesía y a la literatura infantil, no fue su conocimiento literario lo que impresionó a sus conciudadanos cuando, en 1988, la emperatriz conquistó definitivamente a la ciudadanía japonesa. La sinceridad con la que expresó sus emociones en su discurso y la sensibilidad que mostró hacia los más niños no pasaron inadvertidas para los más de cien millones de japoneses que adoptaron alguna de sus frases como si éstas hubieran sido extraídas de un libro antiquísimo: "afrontar la vida no es cosa fácil" y "el amor y el sufrimiento más bien son inseparables".

La primera mujer burguesa que subió al trono en más de 1.000 años
Michiko Soda, hija de un rico fabricante de harinas descendiente de la clase Samurai, y el príncipe Akihito se conocieron durante un partido en una cancha de tenis. Él, siendo Príncipe heredero, desdeñó la nobleza milenaria y elevó a su rango a una sencilla burguesa. Rompiendo con una tradición de 2.600 años, comunicó que quería casarse con Michiko. Uniéndose a su voluntad y como muestra de apoyo, todo el pueblo le rindió vasallaje.

Fue, de hecho, la primera mujer sin ascendencia real que llegó a ocupar el trono y, también, la primera que, como hija del círculo industrial y cultural del Japón, tuvo que abrirse camino con sus aires renovadores ante el conservadorismo feudal de la corte.

Optó por el silencio como medida de protesta
No en vano, su determinación a la hora de proponer cambios, desencadenó una relación tormentosa con la casa imperial y fue el origen de sus problemas psicológicos: primero con grandes crisis nerviosas; después, enmudeciendo durante un año. En opinión de los especialistas que la atendieron, la emperatriz optó por el silencio como medida de protesta contra el cautiverio que había tenido que soportar en palacio.

La reponsabilidad de traer un varón al mundo
No obstante, Michiko asumió la responsabilidad de traer al mundo un verdadero emperador y también, el dejar atrás las tradiciones ancestrales. La primera, no permitir que su hijo le fuera arrebatado para ser educado según la tradición. Una posición que fue secundada desde el primer momento por su esposo, Akihito, que ya por entonces, y meses antes de que viniera al mundo su primer vástago, anunció a la corte, en un alarde muy valiente, que su hijo conocería “las flaquezas y las virtudes de los humanos, viviendo a su lado, respirando el mismo aire y aleccionándose en la propia vida. Así, si un día llega a reinar, podrá comprender a su pueblo”.


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