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La princesa Mary actúa como una joven del siglo XXI que puede hacer vida de fin de semana sin quedarse en casa esperando el regreso de su marido.
Fotos publicadas por Billet-Bladet
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El príncipe Federico, eufórico, instantes antes de competir con su velero Nanoq en el Atlántico

TORMENTA PARA LA PRINCESA MARY, SOL PARA EL PRÍNCIPE FEDERICO

Mientras la futura Reina de Dinamarca y su hijo, Christian, pasean por la 'Riviera danesa', su esposo compite en las regatas de Florida

18 ENERO 2007
Algunos medios de comunicación internacionales han apuntado estos últimos días que Mary Donaldson estaba “enfadada” con su marido, el príncipe Federico, y también que ésta entendía cada vez menos el comportamiento del que un día será Rey de Dinamarca.

Con estas fotografías publicadas por la revista Billed Bladet a la vista queda, sin embargo, que Mary –a menos que sea una actriz impresionante- no sólo no está enfadada sino que se deja fotografiar encantada de la vida mientras pasea a su hijo, Christian.
Por estas instantáneas –ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras- difícilmente se podría sostener que Mary y Federico atraviesen una crisis o que ésta no entienda que su marido se vaya de regatas a Florida mientras ella, embarazada de cinco meses, se queda para “sacar” su casa adelante en un país de temperaturas gélidas. La princesa Mary, que no ha necesitado mucho tiempo para demostrar que es una mujer fuerte, madura y con los pies en la tierra, no sólo no ofrece el aspecto de una mujer que ha sido engañada (al menos por el momento) sino que se comporta y actúa como una joven del siglo XXI que puede hacer vida de fin de semana sin quedarse en casa esperando el regreso de su marido.

Planes por separado, pero unidos como siempre
La futura Reina de Dinamarca no se quedó sola en el castillo de Fredensborg (la residencia de la familia) y aceptó la invitación de sus amigos, Peter and Caroline Heering, para viajar hasta su casa de verano en la estación balnearia de Tisvildeleje localizada en la llamada "riviera danesa". Mary, el príncipe Christian, y su perro Ziggy, viajaron a este reducto de la costa para disfrutar de un buen fin de semana con los Heering y su pequeña hija, Rosemarie, y no se dejaron amedrentar por la espectacular tormenta a la que hicieron frente mientras paseaban por la playa luchando contra el viento. Mientras, al otro lado del Océano, bajo un sol de justicia, el príncipe Federico competía en una regata con su velero Nanoq, en el Atlántico.


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