Semana de la Moda de París: Lagerfeld, Givenchy y Ungaro

La elegancia y la feminidad fueron la tónica dominante en todos los desfiles

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Emanuel Ungaro recuperó las formas femeninas en su colección.
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Lagerfeld mezcló, para su propia marca, el estilo masculino y el femenino.

Por cuarto día consecutivo, París volvió a demostrar por qué es la capital mundial de la moda. Las colecciones que se vieron ayer, desde el clasicismo de Rochas hasta la mezcla de culturas de Dries van Noten, tuvieron como común denominador la recuperación de la silueta femenina en todo su esplendor.

El Carrousel del Louvre fue el escenario elegido por Karl Lagerfeld, director creativo de Chanel, para presentar la colección de su propia marca: Lagerfeld Gallery. La prenda clave fue la camisa blanca, en todas sus variantes, combinada con faldas y pantalones masculinos. Destacaron sus prendas perforadas, a modo de cenefas, en puños, solapas y cinturillas y sus vestidos de noche con cinturones marcando el talle.

Vicent Darré, director creativo de Emanuel Ungaro, presentó una línea hiper femenina en tonos pastel. Sus vestidos y faldas cuajados de volantes y pequeños pliegues, junto con los bustiers y los escotes halter esculpían la silueta de la mujer.

El desfile de Véronique Branquinho tuvo reminiscencias de los años 80, con leggings de colores, guantes largos de cuero y prendas superpuestas. Los plisados en algodón de los vestidos se mezclaban sin pudor con el tweed de las chaquetas y los chalecos con un resultado muy atractivo.

La colección de Ricardo Tisci para Givenchy osciló entre el blanco y el negro, con algunas notas de beis y morado oscuro. Con un estilo gótico romántico, Tisci viste a la mujer con prendas muy definidas y con cortes limpios, en las que se mezclan materiales sutiles, como las muselinas y los crepes, con piezas más agresivas, como el cuero y las tachuelas.

Rochas buscó la inspiración en el arte impresionista del siglo XIX para su colección de primavera-verano 2006. Las faldas y los vestidos, siempre muy largos, se ciñen hasta media pierna para luego abrirse hasta el bajo y las mangas caídas recuperan la estética lánguida y clasicista de la época. Además, este efecto se acentúa con los complementos, como los bolsos con forma de estuche de violín. Los colores, en su mayoría lisos junto con algún estampado que recordaba a las telas de Claude Monet.

Por último, los belgas Dries van Noten cerraron la jornada de ayer fieles a su estilo étnico y natural. En esta ocasión miraron hacia Oriente e incluyeron detalles de los quimonos tradicionales, como los obis, que sujetan la cintura en prendas desestructuradas, y las sedas estampadas, que se mezclan en combinaciones imposibles.

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