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El caso de la perla desaparecida

Liz Taylor cuenta la historia de su fabulosa colecci髇 de joyas

La actriz, espl閚dida, luce en su cuello la joya.

玆ecientemente hab韆 recibido La Peregrina desde Nueva York y estaba en una delicada y peque馻 cadena. Yo estaba toc醤dola como si fuera un talism醤 y paseaba de un lado a otro de nuestra habitaci髇 en el Caesar 抯 Palace (nosotros ten韆mos todo el piso superior y el personal ten韆 m醩 o menos la mitad).

籄s que yo estaba so馻ndo y resplandeciendo y deseando gritar de alegr韆, pero Richard ten韆 su mal humor gal閟, y su alegr韆... Bueno, 閘 era gal閟, as que a veces su alegr韆 era retorcida y se volv韆 sombr韔. Pero cuando estoy feliz, lo demuestro y lo grito y lo chillo, y yo quer韆 abalanzarme sobre 閘 y besarle todo entero. Sin embargo, como conoc韆 muy bien a Richard, ten韆 que hacerlo en el momento adecuado, y 閟e no lo era para ser demasiado expresiva.

籇aba lo mismo, no hab韆 nadie con quien hablar y nadie a quien ense馻r la joya,  yo me estaba volviendo loca! En cierto momento alargu la mano para tocar la perla... no estaba all! Mir a Richard y di gracias a Dios por que 閘 no me estuviera mirando. Entr en el dormitorio y me derrumb en la cama; enterr mi cabeza en la almohada y grit. Muy lenta y muy cuidadosamente volv sobre mis pasos en el dormitorio. Me quit las zapatillas, me quit las medias y me puse a gatas buscando la perla por todas partes. Nada. Pens: 揟iene que estar en el sal髇, delante de Richard. 縌u iba a hacer? l me matar韆! Porque Richard amaba esa pieza. Todo lo hist髍ico era importante para 閘.

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