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Lydia Delgado nos abre las puertas de su casa de Barcelona

La diseñadora catalana desfiló en la última edición de la pasarela Cibeles tras haberlo hecho durante siete años en Gaudí

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La diseñadora ha logrado crear un hogar en el que cada detalle tiene un sentido y una historia que contar.
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-Pobre y muerta..., ¡menudo final!
La verdad es que visto así, sí que lo sería. En el pasado sufrí bastante, pero con los años he aprendido a desdramatizar. Al principio, por ejemplo, me preocupaba muchísimo por si iba a gustar lo que hacía. Ahora, me conformo con que mis clientas estén satisfechas. Ellas saben que detrás de cada prenda hay una historia, un gran trabajo, unas sensaciones: el contexto de la flor roja con su sensualidad, los mates y los brillos de la ropa interior femenina; una mancha de pintura. Todo eso da forma al mundo que yo concibo. Una visión personal en cualquier caso, aunque nada está hecho porque sí y no hay un solo resultado con el que no haya experimentado antes. A veces puedo explicarlo, pero no siempre. Hay algo que ni tú controlas y que acaba sorprendiéndote e imponiéndose. Pero es así.

-¿Significa eso que arriesga, que le gusta trabajar al filo?
Me gusta el trabajo íntimo, aunque no olvido que esto es un negocio, pero creo, sinceramente —y me da cierto apuro hablar de lo que hago—, que mi diseño tiene personalidad y fuerza. Que hago ropa con la que te sientes guapa. A veces, me lanzo y me arriesgo, pero otras voy sobre seguro, y aunque busco el detalle gracioso, el resultado siempre es algo elegante. Resumiendo, que hago lo que me gusta sin prodigarme demasiado.

-¿De dónde le viene tanta inspiración?
Vivo fantaseando y pienso demasiado. Aunque no sé si a lo que me pasa se le puede llamar pensar. Es un estado caótico, que trato de poner en orden continuamente. El mundo está en mi cabeza y en mi corazón. Me gusta pintar, dibujar y alternar. Siempre digo que diseñar es como ir al analista para preguntarse con valentía: "¿Qué es lo que quiero de verdad?". Algunas personas creen que este trabajo consiste en hacer dibujitos y ya está... Pero es más. En mi caso, una lucha interior que a veces me deja sin fuerzas. Cuando sucede, lo compenso tomando vitaminas biológicas.

-¿En una pasarela puede un diseñador mostrar lo que realmente quiere y es?
Sí, pero requiere un gran esfuerzo. Hay que tener presente que lo que es muy importante para uno pasa en un minuto para los demás. Por eso se impone la necesidad de ver lo que sucede desde un punto de vista más humilde, desde el pragmatismo y sin perder de vista el factor suerte. Aunque la suerte es algo relativo. Lo que es maravilloso para unos puede resultar horrible para otros. Estoy contenta con lo que hago, y, de verdad, no necesito mucho más.

-¿Ni siquiera diseñar algún que otro modelo para la princesa de Asturias? Usted figuró como una de las candidatas más firmes para hacer su traje de novia.
Da la sensación de que doña Letizia tiene otras prioridades. Se esfuerza por ir bien, pero dudo que la moda sea realmente muy importante para ella.

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