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Lydia Delgado nos abre las puertas de su casa de Barcelona

La diseñadora catalana desfiló en la última edición de la pasarela Cibeles tras haberlo hecho durante siete años en Gaudí

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Imagen del salón principal de la casa de Lydia Delgado, donde se pueden encontrar varios muebles diseñados por ella, como por ejemplo una lámpara con dibujos de caras africanas.
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-¿Y el resto de la historia?
He corrido riesgos impresionantes, pero para qué recordar eso. Seguro que es una experiencia compartida con otras muchas personas. En la vida, se lo digo también a mi hija Miranda, siempre hay que dar un paso más allá de lo establecido. De lo contrario, no vas a ninguna parte. Nunca me he dejado una meta, y el resultado que busco es lo que consigo día a día, pero sí es cierto que voy a por todas. Puede que tenga una apariencia frágil, pero soy una de esas personas que apuestan duro en la vida.

-¿Como una revolucionaria?
Soy revolucionaria, sí, pero también muy tradicional en la familia, con los amigos y en los pilares de la vida. Tengo un aspecto dulce —¡por Dios, espero no parecer una egocéntrica!— y respeto a todo el mundo, pero un no para mí no es un no definitivo. Querer es poder, y rara vez me doy por vencida. Supongo que porque he nacido para tener una capacidad de trabajo impresionante y, sobre todo, porque tengo la suerte de que Alberto, mi marido, que es todavía más trabajador que yo, me apoya y me acompaña hasta donde haga falta.

-Un hombre valiente.
Muy valiente, porque, además de diseñadora, soy una ciudadana ecologista, pacifista, comprometida, que sale a la calle para manifestarse cuando algo no me gusta. "Relájate, tómatelo con calma", me dicen, pero yo no me lo puedo tomar con calma, porque ¡nos lo estamos cargando todo! Y lo peor es que sólo unos pocos luchan para que el asfalto no se coma la tierra. Y ya no le digo la angustia que me da si veo que alguien corta un árbol. Tengo que hacer algo para mantener a raya mi perfil combativo.

-¿No es incompatible esa manera de pensar con vender ropa, complementos y objetos de decoración?
Incompatible, no, pero bastante arriesgado desde el punto de vista comercial. Por supuesto, me gusta tener dinero, aunque no tanto como para ganarlo contribuyendo a poner más cosas en este mundo... Prefiero renunciar a vender. Y no lo digo por quedar bien. Mi marido y mis amigos me dicen: "Si no lo haces tú, lo hará otro". "Vale, —contesto—, pero yo no lo habré hecho". No quiero morirme con mala conciencia. Además, ¿de qué sirve ser millonario? No quiero comprarme nada que no necesite... Es cierto que, además de la ropa, diseño algunas lámparas, mis bolsitas monas, pero lo hago con mucho respeto y sin hacer daño. Al menos, esa es la intención. Encontrar un punto medio, un equilibrio. De lo contrario, también tendría que dejar de comer.

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Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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