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Lydia Delgado nos abre las puertas de su casa de Barcelona

La dise馻dora catalana desfil en la 鷏tima edici髇 de la pasarela Cibeles tras haberlo hecho durante siete a駉s en Gaud

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Lydia posa en uno de los rincones favoritos de su casa. Tras unas palmeras que pint ella junto a su amiga Carmen Galofet.
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Fr醙il en apariencia, pero 'salvaje' a la hora de llevar sus ideas hasta el final. Rom醤tica y dulce, aunque tambi閚 fuerte y competitiva cuando se trata de pelearse por un trozo de mercado. Una mujer imperiosamente femenina y p韈ara, que domina, desde el misterio y la seducci髇, todos los escenarios; que no esconde, que insin鷄 y se atreve a todo sin perder de vista su objetivo: viajar por el mundo de la costura arropada por la identidad de su dise駉 y el peso de una creatividad omnipresente.

Buscando rodearse de belleza, Lydia Delgado esclaviza a las musas con esa manera de ser tan minuciosa, exigente y detallista, y hace alarde de esta debilidad 梩anto en su l韓ea pr阾--porter como en sus colecciones de alta costura, fiesta y novias, porque as es el reino en el que ella vive. Una pasarela en la que se enredan, sin pelearse, palabras como sensualidad, romanticismo, sobriedad, femineidad y coqueter韆. Un estallido de imaginaci髇 que le duele y le pasa factura cada d韆. Y una manera de ejercer que la mantiene en vilo y en vela durante los meses en los que procura la b鷖queda del milagro: la de una propuesta que hacer a un mercado tremendamente exigente a la hora de dejarse conquistar.

Para ello, cuando llega la hora, Lydia Delgado se refugia en una casa en la que no falta un peque駉 taller de trabajo; su m鷖ica, sus libros, cajas de todos los tama駉s para guardar secretos, lienzos manchados, sus pinceles, bocetos y bodegones donde dibujar el mundo a su manera con pigmentos de colores y una inmensa gama de acuarelas; sus frascos de perfume, sus sombreros y, por supuesto, sus zapatillas de bailarina para seguir movi閚dose entre bambalinas. "No hab韆 nada m醩 maravilloso que salir de casa para entrar en el mundo de la fantas韆 y de las princesas. Terminar en el colegio para ir al liceo y ensayar y ensayar. Era la m醲ima fantas韆 a la que se pod韆 aspirar, aunque, en mi caso, s髄o a corto plazo. Por eso dej la danza, prob en la fotograf韆 y en la m鷖ica, viv en Par韘 y en Londres... Sin olvidarme, claro, de tener un sueldo".

-Hasta que encontr una parcela donde hacer crecer su talento.
Cuando empec a dedicarme a la moda, yo no sab韆 exactamente lo que quer韆. Pero lo que s sab韆 es que la aguja y el dedal estaban dentro de m y que nada me era completamente ajeno. No obstante, fue una casualidad esbozar los primeros trazos de mi carrera como ayudante de Antonio Mir. El encontr una alumna para su m鷖ica 桝ntonio imagina la costura y la vida dibujada como m鷖ica abstracta y yo un maestro y un amigo con el que di mis primeros pasos haciendo camisetas.

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