Autumn Kelly hace su entrada en la Capilla de St George del Castillo de Windsor, donde le esperaba su todavía futuro marido
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La novia ha llegado a la capilla acompañada por cinco damas de honor. Una de ellas es la hermana del novio, Zara Phillips

AUTUMN KELLY, NUEVA 'CENICIENTA' EN LA FAMILIA REAL INGLESA

La nieta política de la reina Isabel ha demostrado que, actualmente, ni la clase, ni la carencia de un título, ni la formación son barrera para unirse al clan de los Windsor

17 MAYO 2008
Lejos están los días en que a las novias reales se les exigía un título, una dote, una mansión en el campo, familia con árbol genealógico y una esmeradísima educación para ser aprobadas. A día de hoy, podría pensarse que el amor es lo que realmente cuenta. Tampoco Autumn Kelly, hoy esposa de Peter Phillips, cumple ni uno sólo de los tradicionales requisitos que se esperarían de una futura esposa de un nieto de la Reina de Inglaterra, por mucho que la familia de éste –sus padres y él mismo- se hayan empeñado en no usar el tratamiento de Príncipe. Autumn nació en el seno de una familia de clase obrera, creció en un barrio dormitorio en el enclave anglófono de Montreal y asistió a una escuela pública.

Hija de padres divorciados. Su padre, Brian, ejecutivo de márketing en una fábrica, y su madre, Kitty, peluquera a tiempo parcial en el sótano de su diminuta casita en un Pointe Claire, rompieron cuando Autumn tenía 8 años. Brian se trasladó a vivir a Ontario con su nueva esposa y sus hijos, mientras su madre rehizo su vida sentimental con Ron Magas, un atractivo piloto, que se convirtió en un segundo padre para Autumm y sus hermanos: su gemelo, Chris, albañil, y su hermano mayor, Kevin, ahora chef, de 31 años. La penurias económicas de entonces nunca resintieron la unidad familiar. “No creo que su madre y su padrastro tuviera mucho dinero, aún cuando Kitty trabajaba muy duro. No había dinero para ropa de diseño, pero madre e hija, que estaban muy unidas, siempre tenían buen aspecto”, declara una amiga.

Pero influyeron lo suficiente como para que Autumn, alumna en la escuela católica de primaria de St John Fisher y luego en St Thomas High, una escuela estatal católica en Pointe Claire, diera su importancia a los estudios y sobresaliera. También en el deporte tanto en fútbol como en ringette –un equivalente canadiense al hockey sobre hielo. En la escuela sólo tuvo un novio serio, el hijo de un concesionario de coches, dice su amiga: “Era más como una compañera –no necesitaba un novio. Sus amigos eran las personas más importantes para ella”. Autumn, después del instituto, se trasladó a China con su padre y con Chris. A su vuelta dos años después, y mientras estudiaba mandarín e historia japonesa en la Universidad McGill en Montreal, Autumn salió con un agente de policía. “Parecían profundamente enamorados, pero supongo que simplemente se distanciaron”.

Más Cenicientas, que Princesas
Así las cosas nada hacía suponer que un día emparentaría con la Familia Real inglesa. Sin embargo, después de cinco años de noviazgo con el primogénito de la princesa Ana, se ha convertido, en la primera nieta política de la soberana inglesa demostrando que actualmente, ni la clase, ni la carencia de un título, ni la formación son barrera para unirse al clan de los Windsor. Aunque, según apuntan los expertos reales, en su caso, a diferencia de los de Sophie Rhys-Jones, esposa del príncipe Eduardo; Kate Middleton, novia del príncipe Guillermo, y Chelsy Davy, novia del príncipe Harry, ha contado con una ventaja: ha disfrutado, hasta hoy mismo, de un continuo acercamiento a la vida real.

Su enlace ha sido la boda real más importante en casi tres décadas. Autumn, como una Princesa en toda regla, con un traje de novia de color marfil, hecho a medida por Sassi Holford, ha caminado hacia el altar para reunirse con su prometido ante los ojos de 350 invitados en la Capilla de St George del Castillo de Windsor, siguiendo al pie de la letra las instrucciones que le ha venido dando la elitista de Bentley’s Entertainment. La empresa propiedad de Peregrine Armstrong-Jones, hermanastro del Conde de Snowdon, que se ha encargado de preparar la recepción en Frogmore House, una mansión del siglo XVII, en Windsor Home Park. A un lado, los Windsor, y al otro la familia de Autumn, que viajó días antes a Inglaterra desde Canadá para intentar familiarizarse un poco con el rígido y antiquísimo protocolo de la monarquía, eran testigos, una vez más, de que el Amor rompe todas las barreras.


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