Los novios, Peter Phillips y Autumn Kelly, felices y relajados, una vez convertidos en marido y mujer
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La novia lució como una auténtica Princesa, con una creación de Fulhambase de la diseñadora Sassi Holford

AUTUMN KELLY NO HACE ESPERAR A PETER PHILLIPS EN EL ALTAR

La primera nieta política de la Reina de Inglaterra vistió como una auténtica Princesa, con un vaporoso vestido de novia de Sassi Holford y una tiara prestada por la princesa Ana

17 MAYO 2008
Ni el cielo encapotado podría empañar mínimamente la boda real más importante en casi tres décadas en Reino Unido, ni mucho menos la enorme felicidad de los contrayentes, Peter Phillips, primogénito de la princesa Ana, y la canadiense Autum Kelly, al convertirse esta tarde en marido y mujer en una discreta ceremonia en la capilla de St. George del castillo de Windsor.

Los jóvenes se han casado ante la mirada de más de 300 invitados, incluidos la Reina de Inglaterra y el Duque de Edimburgo y los 70 por parte de la novia procedentes de su Canadá natal. También han presenciado los votos matrimoniales de la pareja el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles, el príncipe Harry con su novia, Chelsy Davy, y Kate Middleton, novia del príncipe Guillermo, invitada en representación de la pareja. La ausencia más destacada ha sido precisamente la del primogénito del príncipe Carlos, que se encuentra en Kenia asistiendo al enlace de su amigo, y hermano de su ex novia, Jecca Craig, Batian.

Encabezaron las llegadas, la madre del novio, la princesa Ana, y su actual esposo, el capitán Tim Laurence. A ellos se unieron el ex marido de la Princesa Real, Mark Phillips, y su mujer, y la madre de Autumn, Kitty, junto a los tíos del novio, el príncipe Carlos y la Duquesa de Cornualles, y a su primo, el príncipe Harry. Los últimos en entrar a la majestuosa capilla del siglo XV fueron los orgullosos abuelos del novio, la reina Isabel y el Duque de Edimburgo. La soberana lució para el magno acontecimiento un elegante conjunto de abrigo y vestido adamascado en tono azul y beige, con tocado de pluma a juego, aderezado por una amplia sonrisa.

Una Príncesa sin título
La pareja trató de huir de los formalismos para conseguir así, en la medida de lo posible, una boda cercana. La novia pudo respetar la tradición nupcial de retrasarse, pero no lo hizo. Autumn llegó puntual, sin apenas hacer esperar al novio, en un State Bentley que recibieron con entusiastas vítores los cerca de 200 admiradores, que habían aguardado su llegada y la de los miembros de la Familia Real inglesa afrontado las inclemencias del tiempo. Así, tan sólo diez minutos después de las cinco de la tarde, irrumpía en el templo la novia, arropada por sus seis damas de honor: la hermana de Peter, Zara, con quién Autumn ha congeniado muy bien y ha convivido desde su traslado a Inglaterra; la hermanastra de Peter, Stephanie Phillips; la de Autumn, Jackie; las dos mejores amigas de la joven, Jacqueline Aubie y Susannah Toynbee, y Rosie Bush, la ahijada de Peter. Todas ellas vestidas de verde claro por la diseñadora Vera Wang. Los padrinos de Peter fueron Ben Goss y Andrew Tuckers, amigos de sus días en Gordonstoun School en Escocia.

Autumn, visiblemente nerviosa del brazo de su padre, Brian, se dirigió hacia el altar para reunirse con su prometido, como una auténtica Princesa, con una creación de Fulhambase de la diseñadora Sassi Holford. Un vestido nupcial vaporoso, de color marfil, con escote de palabra de honor y falda abullonada, y, como complementos, un bolero de encaje de manga corta y un largo velo de tul. Como toda novia real, coronando la puesta en escena más importante de su vida, Autumn lució también una tiara, que le prestó su suegra, la princesa Ana, y un conjunto de pendientes y collar, regalo del novio.

El momento más emotivo de la ceremonia, oficiada por el reverendo, David Conner, decano de Windsor, se produjo cuando Peter y Autumn, que renunció hace varias semanas a la fe católica y abrazó la fe anglicana para que su marido pueda mantenerse en el undécimo puesto de la línea de sucesión al trono, realizaron el rito del intercambio de los votos matrimoniales y rompiendo nuevamente la tradición, prometieron "adorarse, honrarse, aliviarse y mantenerse" el uno al otro. Las lecturas corrieron a cargo de el hermanastro de Autumn, Patrick Kelly, y de la princesa Eugenia. que recitó el Soneto 116 de William Shakespeare. Al término de la ceremonia religiosa, no había ni rastro de nervios en los rostros de los recién casados que, felices y relajados, emprendieron un romántico paseo en coche de caballos antes de empezar sus celebraciones.


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