Realeza y personalidades

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LA CITA MÁS IMPORTANTE DE LA PRIMERA DAMA DE FRANCIA, A EXAMEN

Los detalles de una visita de Estado analizada con lupa

Hello, Jackie

Centímetros más, centímetros menos

Primera reverencia

Sus conquistas

Su primer discurso

Blanco de los flashes

Su hombro

¿Carla?, se mua

Pocas visitas de Estado han causado tanta expectación y han dado tanto de sí periodísticamente hablando como la del matrimonio Sarkozy a Reino Unido. Había mucho en juego después del espaldarazo electoral de los franceses en las municipales, pero el resultado no ha podido ser más confortador para la pareja presidencial. La tercera esposa del Presidente de Francia, que se enfrentaba además a su cita mas importante como Primera Dama, se convirtió desde que aterrizó en el aeropuerto Heathrow en el blanco de los flashes, los titulares y las portadas de los tabloides británicos, así como en tema de conversación en la calle. Carla Bruni revolucionó el patio –británico y europeo- con un cóctel explosivo de glamour, discreción e idoineidad en el cargo y se comió a Nicolás Sarkozy, que no pudo optar más que a un papel a la sombra de su despampanante esposa en la mayoría de las ocasiones. La carlamanía desatada en Reino Unido al descubrir a Bruni desfilando por la ciudad del Támesis de la mano del mandatario francés ha hecho de este viaje oficial un magno acontecimiento analizado con lupa.

Llegó el ‘glamour’
Aterrizó en la capital británica envuelta en un halo de glamour muy similar al que hizo mítica en su día a Jackie Kennedy. Bajó de la escalerilla del avión con un conjunto de firma francesa (Dior), con unas bailarinas como las que fascinaban a su homóloga americana, con un sombrero pillbox como el que la convirtió en una Primera Dama única, con guantes al codo, con bolso de asa... Vestida muy, muy Jackie para impresionar como lo hizo aquella. Era el primer conjunto de un repertorio de trajes, de corte retro y recatado, muy al gusto de la Reina de Inglaterra. Sólo se deshizo de la sobriedad en la cena de gala ofrecida en Ghildhall, en el distrito financiero de Londres, donde volvió a ser más Carla Bruni que nunca con un vestido en tono burdeos, con escote palabra de honor y un fajín ajustado al pecho, que combinó con un precioso collar y prendientes a juego.

Los retos de Bruni
No era fácil la misión que Carla Bruni se traía entre manos en Reino Unido: ganarse el favor de la reina Isabel de Inglaterra y de los demás miembros de la Familia Real inglesa, y por ende el de sus conciudadanos. La operación entente cordiale incluía pruebas como una reverencia real a la soberana y su primer discurso en un acto oficial junto a la esposa del Primer Ministro británico, Gordon Brown. Todas superadas con nota. La satisfacción por el trabajo bien hecho asomaba a su sonrisa y a sus escuetas declaraciones: “Aquí estoy. El año pasado, en octubre, estuve aquí tocando la guitarra. Entonces conocí a Nicolás. Ahora he conocido a la Reina. Es como un sueño. ¡He llegado a este trabajo como un paracaidista!”

El amor: el pilar de Carla
Ha soportado estoicamente ser el centro de todas las miradas: las regias, las galantes, las fisgonas... Sólo se ha permitido ceder a la presión pública, y buscar refugio en su esposo, en los escasos momentos de intimidad que ha disfrutado el matrimonio durante su viaje en barco por el río Támesis. No le han fallado entonces el abrazo protector ni los ánimos de su marido, el mejor de los bálsamos para seguir adelante como hasta el momento.

La defensa de su enamorado y varias conquistas
Ningún cónyuge eclipsa al otro, porque los éxitos en un matrimonio son siempre compartidos, le vino a decir Sarkozy a un periodista que le preguntó por el protagonismo de su esposa. Al sucinto, pero contundente, comentario, le siguió un discurso vehemente sobre las virtudes de su damisela. “Se ha escrito tanto sobre ella que debo decir que estoy orgulloso de que la gente haya visto por fin en ella lo que realmente es y de que se haya hecho justicia. Estoy profundamente conmovido por lo que se ha dicho en los últimos dos días y creo que ella es un honor para nuestro país, no sólo por su aspecto físico sino porque tiene convicciones, sensibilidad y humanidad y esas convicciones, esa sensibilidad y esa humanidad son las que te hacen tan elegante”. No faltaron hombres que ratificaran sus palabras con declaraciones o sin ellas (en tal caso, con actitudes): desde el Primer Ministro, pasando por el Príncipe de Gales al Duque de Edimburgo todos se mostraron de lo más solícitos con la Primera Dama de Francia.

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