CARLA BRUNI EVOCA EL ESTILO DE JACKIE KENNEDY COMO PRIMERA DAMA

Jackie Bouvier (Jacqueline Kennedy) desde que nació en la América de los sueños siempre puso los ojos en Francia. A su modo de ver, después de haber sido educada en los colegios más elitistas del país y haberse graduado en francés por La Sorbona, la elegancia a la que aspiraba sólo podía encontrarla en las calles de París. No se hizo Primera Dama de Estados Unidos a imagen de ninguna Reina o Princesa de su generación, aunque había sido protocolariamente instruida por su abuelo, El Comandante, quien se inventó un árbol genealógico en el que emparentaba con la realeza francesa. No buscó modelos en ninguna Corte, sino en su adorada ciudad de la luz. Jackie Kennedy llamó a su amigo el diseñador Oleg Cassini para darse nuevos aires. “Vísteme como si John fuera Presidente de Francia, pero no como si yo fuera María Antonieta”. “Lo haré –contestó el modisto- y podrás hacer un Versalles de América”.

Rompió el esquema de Mamie Eisenhower, su predecesora, y usó su exquisita y afrancesada educación, así como su fascinante charme, para apoyar al Presidente más emblemático de la historia, el hombre que quería cambiar el mundo. Y pronto consiguió que el mundo entero se pusiera a sus pies. La capital francesa no escapó a sus redes de sofisticación, glamour y temple presidencial y también cayó rendida a su encanto cuando el 31 de mayo el matrimonio Kennedy realizaba su primera gira oficial europea que les llevaría a París, Viena y Londres. Precisamente en esta última ciudad, medio siglo después, Carla Bruni, otra joven nacida en el seno de una familia europea, tan acomodada como la suya, mira hacia al otro lado del océano para rendirle homenaje. Al igual que ella, la señora Sarkozy bajó de la escalerilla del avión con un conjunto de firma francesa (Dior), con unas bailarinas como las que fascinaban a su homóloga americana, con un sombrero pillbox que la convirtió en una Primera Dama única, con guantes al codo, con bolso de asa... Vestida muy, muy Jackie para impresionar como lo hizo aquella, sólo que a Carla no le falta ni el Presidente de Francia, ni el Palacio del Elíseo.

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