Sarkozy y su esposa, Carla, podría brindarles la oportunidad de recobrar el favor popular
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Carla Bruni deberá ganarse a sus anfitriones, la reina Isabel y el Duque de Edimburgo, haciéndoles olvidar su lado más rebelde

CARLA BRUNI PREPARA CON DEVOCIÓN SU VISITA DE ESTADO COMO PRIMERA DAMA A REINO UNIDO

La reina Isabel de Inglaterra celebrará en honor del matrimonio Sarkozy una cena de gala en castillo de Windsor

25 MARZO 2008
Mientras coletean toda serie de noticias sobre el enlace de la ex esposa del Presidente de Francia, Cecilia Ciganer Albéniz, con el empresario Richard Attias en Nueva York y acerca de su luna de miel, la actual, Carla Bruni, prepara con verdadera devoción su primer viaje de Estado como Primera Dama a Reino Unido a invitación de la reina Isabel. Una visita que podría brindar a ella y a su esposo, Nicolás Sarkozy, la oportunidad de recobrar el favor popular y, por tanto, una baza que el matrimonio presidencial no quiere ni de lejos dejar pasar después del espaldarazo de sus conciudadanos en las elecciones municipales. Carla es consciente de la responsabilidad que recae sobre sus hombros. Sabe que Francia espera de ella que actúe como la esposa de un mandatario en toda regla, porque entonces, tal vez, su esposo podrá ejercer de verdad como un Presidente. Y se ha aplicado a ello.

Su misión pasa por ganarse el favor real como Primera Dama. Para ello Carla Bruni deberá hacer olvidar a sus anfitriones, la reina Isabel y el Duque de Edimburgo, su lado más rebelde: su agitada y tormentosa vida sentimental -figuran, entre sus conquistas, al menos un sir, Mick Jagger-; sus polémicas y controvertidas declaraciones -se ha confesado partidaria de la infidelidad y una devorahombres- y desatinos en general, como posar desnuda en la última edición de la revista de GQ. Por contra, ella -hija de un magnate industrial y de una concertista de piano- está mucho más acostumbrada que su marido, el Presidente, a moverse entre ricos y aristócratas, su natural sofisticación encaja bien en el banquete de gala de mañana en el Castillo de Windsor, y mientras el mandatario Sarkozy lucha por articular unas pocas palabras en inglés, habla italiano, francés e inglés y puede hablar acerca de arte y arquitectura, música, literatura y poesía.

Banquete típicamente victoriano
Si los visitantes presidenciales no han dejado ningún detalle al azar en la preparación de este viaje, los anfitriones reales tampoco. El matrimonio Sarkozy se alojará una única noche –no dos como estaba previsto- en el castillo de Windsor, el mismo en el que se hospedaron en 2004 el entonces mandatario Jacques Chirac, y su esposa, Bernadette. El mismo también en el que compartirán mesa con la reina Isabel y el príncipe Felipe durante la cena de gala ofrecida en su honor, a la que asistirán en torno a 170 invitados, entre el Príncipe de Gales, el Primer Ministro, así como representantes del cuerpo diplomático, el Ejército, la Iglesia y la sociedad civil.

Será el 96º banquete ofrecido por la soberana desde su accesión al trono en 1952. Las suntuosas cenas siempre han formado parte integrante de las ceremonias reales y de modo tradicional para celebrar ocasiones significativas, aunque el estilo de las mismas ha cambiado considerablemente durante los últimos dos siglos. El ceremonial del banquete de Estado actual se remonta principalmente al reinado de la reina Victoria, quien introdujo el cortejo real antes de la comida. Primero los invitados son recibidos por la Reina y el Jefe de Estado visitante en el Salón de música del Palacio y avanzan hasta el Salón de Baile. Luego, el cortejo real, encabezado por la Reina y el Jefe de Estado, pasa al banquete, precedido por el Lord Chambelán y el Lord Steward. Antes de que se sirva la cena, la Reina brinda por la salud de su invitado quien corresponde brindando por la salud de la Reina. Durante la cena una orquestra militar interpreta un programa musical en la galería y al finalizar el banquete, los gaiteros desfilan por la sala. La Reina y el Jefe de Estado visitante salen por la Galería Oeste (West Gallery) y los invitados pasan al Comedor de Estado (State Dining Room) y al Salón de Estado (State Drawing Room) para tomar café.


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