Se enfundó el uniforme militar de camuflaje y se pintó la cara de verde y negro durante el entrenamiento, que ha incluido prácticas de tiro y pasar noches al raso junto a sus compañeras
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El Príncipe organizó una expedición de varios buzos para encontrar su anillo de boda y prometió al que lo hallara un viaje gratis a Copenhague

FEDERICO Y MARY DE DINAMARCA: ENTRE ALEGRÍAS Y DISGUSTOS

La Princesa ha superado la instrucción como soldado raso, mientras el Heredero ha perdido su anillo de boda buceando en Florida

13 MARZO 2008
Las chicas son guerreras, como dice la canción, y algunas Princesas, también. Es el caso de Mary de Dinamarca, que ha finalizado esta semana la última parte de su entrenamiento en la Milicia Nacional (Hjemmeværnet), un cuerpo de voluntarios que ayuda a la Policía y al Ejército. La futura Reina ha abandonado temporalmente sus cómodas dependencias palaciegas, los habituales vestidos de gala, las fabulosas joyas de la Corona y los zapatos de tacón para vivir durante varios fines de semana como una soldado más en el centro de entrenamiento de la milicia en Christiansminde, al oeste de Copenhague.

Se enfundó el uniforme militar de camuflaje, se puso un casco de acero en la cabeza cubierto de paja y hojarasca para pasar inadvertida en el terreno y se pintó la cara de verde y negro durante el entrenamiento, que ha incluido prácticas de tiro y pasar noches al raso junto a sus compañeras. Hoy, la princesa Mary, de 36 años y madre de dos niños, ya está capacitada para colaborar en labores de rescate, apagar incendios, ofrecer primeros auxilios y disparar armas de fuego, así como para poder ayudar a la policía en accidentes y búsqueda de desaparecidos.

Anillo con recompensa
Mientras la princesa Mary se entrenaba en la milicia nacional, su esposo, el príncipe Federico, puso rumbo el pasado mes de enero a Florida para participar en una regata, según informa en su página web la revista danesa Se og Hør. Federico de Dinamarca aprovechó su viaje para practicar una de sus aficiones favoritas, el buceo, en los arrecifes de coral de la localidad estadounidense de Key West. Pero, en esta ocasión, la inmersión acarreó al Heredero un disgusto: perder su anillo de boda. Tanto le contrarió que el Príncipe organizó una expedición de varios buzos y prometió al que hallara el anillo un viaje gratis a Copenhague, con visita a su residencia en el Palacio Real de Fredensborg incluida.

Aparte de su valor sentimental, el anillo es una rareza. El joyero de la Casa Real danesa hizo hace cuatro años dos anillos idénticos -una para Federico y otro para su esposa, la princesa Mary- de las primeras muestras de oro encontradas en Groenlandia en 1992.


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